Obreros de Ravella reparan el tejado de la escuela de música sin seguridad

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA/LA VOZ.

AROUSA

Los operarios ni siquiera portan los cascos de protección obligatorios en la ejecución de este tipo de intervenciones

20 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El Concello de Vilagarcía se afana, desde la semana pasada, por paliar el maltrecho estado que ofrece el edificio de O Ramal, sede oficial de la escuela de música del municipio. Sus esfuerzos se centran, en estos momentos, en la reparación de un tejado cuyas filtraciones de agua han ganado justa celebridad entre los docentes, el medio millar de alumnos que engrosan las aulas y sus familias, que, organizadas en torno a la asociación Atril, reivindican la ejecución de toda una serie de mejoras en el histórico inmueble para que el centro pueda desarrollar su actividad en condiciones dignas. Lo malo no es que las obras hayan comenzado, todo lo contrario, mas la forma en la que lo han hecho deja bastante que desear por lo que respecta a la seguridad de los mismos operarios que se encargan de su ejecución.

Una simple inspección visual demostró que, al menos ayer por la mañana, los trabajos se estaban desarrollando sin ningún tipo de medida que preservase la integridad de los operarios en caso de que se produjese un accidente. La brigada que se ocupa de la restauración de la techumbre está formada por cinco trabajadores del propio Concello de Vilagarcía, a juzgar por el uniforme institucional que vestían. Tres de ellos se dedicaban a la sustitución de las tejas deterioradas a una altura que oscila entre los diez y los quince metros sobre el suelo. Suficiente como para tener que lamentar una lesión grave si alguno de ellos hubiese perdido el equilibrio.

Este estilo de trabajar vulnera tanto el convenio del sector como las medidas que recomiendan los servicios de inspección de la Administración en este tipo de obras. El primero establece la obligación de que los operarios estén sujetos a una línea de vida. Es decir, a algún sistema que, al tiempo que permita los desplazamientos necesarios para la ejecución de las obras, sirva no obstante de anclaje para evitar que el interesado se precipite al suelo en caso de perder pie o sufrir un golpe o una caída. Las inspecciones suelen requerir, en cualquier caso, la sujeción a la línea de vida si las operaciones en marcha se desarrollan a alturas superiores al metro y medio. Una medida que el tejado de la escuela de música multiplica varias veces.

En la cabeza, solo una gorra

Para colmo de males, los operarios no portaban el casco de protección. Una infracción de la norma que acostumbra a ser frecuente, pero no por ello deja de constituir una rigurosa obligación en las obras de construcción, tanto por parte del trabajador en cuestión como de la entidad que lo emplea, en este caso el Concello de Vilagarcía. Como mucho, los cinco hombres tocaban sus cabezas con simples gorras, cuyo efecto protector se limita a frenar los rayos del sol sobre la vista y la coronilla, pero evidentemente resultan por completo inútiles cuando de lo que se trata es de hacer frente al menor impacto.

No es este el único caso del que últimamente ha debido ocuparse el comité de seguridad e higiene de Ravella. Aunque sí tal vez uno de los más llamativos.