David Cal, un piragüista de bandera, «ensaya» en su retiro de Saucelle el desfile inaugural de los Juegos

AROUSA

23 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Allá por el mes de marzo del 2004, un chaval de 21 años reventaba la máquina en las pruebas de esfuerzo del Consejo Superior de Deportes. Ya se hablaba de él en el mundillo del piragüismo, pero era todo un desconocido. Cuatro años después, David Cal ha perdido el privilegio del anonimato que tanto le gusta. Hasta tal punto que será el abanderado del equipo olímpico español en la ceremonia inaugural de Pekín 2008.

Paradojas de la vida, un tipo callado que ama el silencio y la discreción, bandera en mano, abrirá el camino del equipo nacional en medio de los flashes y de un bullicio planetario. Es lo que tiene ganar medallas de oro. Ayer, realizó el primer ensayo. Abrió las puertas a la prensa en su retiro en el Parque Natural Arribes del Duero, posó con la bandera y regaló un guiño olímpico a la concurrencia. «Vamos a Pekín a por dos oros, pero si lo hacemos bien y logramos dos bronces, estaremos contentos», dijo.

En cuanto a la bandera, ha recibido felicitaciones de toda España, al mismo tiempo que se le considera un deportista ideal para el puesto porque representa como nadie los valores de la excelencia, el esfuerzo y la deportividad. Cal ya se manifestó orgulloso tras recibir la noticia de que sería el abanderado. Ayer, en Saucelle, recordó que era todo un honor: «Nosotros no teníamos pensado ir a la ceremonia de inauguración, ya que era un poco incompatible con los entrenamientos, pero es un honor y tampoco es un problema. Tenemos diez días para recuperarnos e ir entrenando hasta que empecemos a competir», dijo el actual campeón del mundo y olímpico.

Después de conceder ayer mil y una entrevistas, Cal volvió a lo suyo. A exprimir los doce días que aún le quedan en su concentración y en compañía de su entrenador, Suso Morlán, seguir limando décimas al japonés (así llama el técnico al cronómetro). El día 4 regresará a Galicia casi para hacer las maletas, porque apenas un par de días después despegará rumbo a China, donde sueña con convertirse en el deportista español más laureado de todos los tiempos. Para ello, deberá conseguir como mínimo un oro. Y si son dos, pues festa rachada en Galicia.