Los ladrones prefieren las viviendas vacías o habitadas por gente mayor

viveiro / la voz

A MARIÑA

El exceso de confianza y la ineficacia del sistema ayudan al delincuente

03 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La actividad de bandas y grupos del exterior, unido a la de cacos y ladrones locales está notándose de manera especial en la comarca, donde prácticamente no pasa día sin que se produzca algún robo.

Fuentes policiales denotan que se peca de exceso de confianza entre la gente, habida cuenta de que en la actualidad no hay distancias y un grupo de delincuentes puede desplazarse desde Madrid, en cinco o seis horas, dar cuatro o cinco golpes en una tarde o una noche y estar de vuelta antes de que acabe el día.

Por ello aconsejan a los ciudadanos aplicar el sentido común. Las casas en las que no vive nadie a diario o las habitadas por gente mayor son objetivos golosos, por la facilidad que tienen los delincuentes para trabajar. En cualquiera de los dos casos, deben tener siempre las puertas cerradas y, en casos de ser ancianos, no abrir a desconocidos, inspectores de gas o timadores de esta calaña.

Si alguien se ausenta por unos días de su casa, está bien dejar a un vecino encargado de retirar la correspondencia, de que encienda una luz, de que abran persianas no fácilmente accesibles... entre otras medidas, para dar indicios de que la casa está habitada. Son cautelas que pueden no dar resultado cuando una vivienda es controlada durante varios días, para conocer el movimiento de sus moradores, pero otras veces sirven.

Al margen de lo que cada cual puede hacer en pro de su seguridad está la actuación de las fuerzas de seguridad y de los jueces. La escasez de medios, técnicos y humanos, es un mal endémico. No hay personal suficiente para controlar un área tan extensa como la comarca.

La justicia también está en el punto de mira de las críticas de los ciudadanos, que no comprenden que un ladrón entre por una puerta de los juzgados y se marche a la calle antes incluso que los propios agentes que los detuvieron. Un policía mariñano se quejaba de que es más riguroso el sistema judicial para un ciudadano común que para cualquier miembro de una banda extranjera que se dedica a delinquir.

Algunos de los últimos robos de la comarca llevan la firma de estos grupos. Fuentes de la Guardia Civil se quejan de que el sistema no funciona y que quizás hay un exceso de normativa, cuando sería deseable que, aunque hubiera menos, fuese más clara y efectiva. Los delincuentes suelen quedar en libertad mientras no se celebran los juicios; juicios que tardan años en llegar, un tiempo que aprovechan esos delincuentes para seguir «trabajando», indiferentes a posibles detenciones porque de inmediato estarán de nuevo en la calle. Tampoco se está aplicando la medida judicial de sustituir las condenas menores de seis años por expulsiones del país durante diez años, para aquellos que vienen desde otros países a delinquir. A esto hay que unir la lentitud con que se celebran los procesos judiciales.

En el caso de los delincuentes y cacos locales, suele ser más fácil su detención, ya que en muchos casos es gente reincidente que la policía de la zona ya tiene fichada.