Un sociólogo de la Universidad de Deusto reclama una reducción de la edad legal de inicio en el consumo
16 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto (Bilbao) Javier Elzo manifestó ayer que el Parlamento debe estudiar si hay que bajar el límite legal para consumir alcohol desde los 18 años actuales a 16 o 17, aunque precisó que sí debe mantenerse un mínimo.
Tras presentar el libro Hablemos del alcohol: por un nuevo paradigma del beber adolescente , del que es coordinador, Elzo subrayó que hay que acabar con las «actuales disfunciones» que existen entre la edad legal para ingresar en la cárcel, poder tomar la píldora poscoital y consumir alcohol. Cree que esas diferencias de edades «se dan de tortas actualmente».
El libro, promovido por la Fundación Alcohol y Sociedad (FAS) y en el que han participado prestigiosos sociólogos y médicos, entre otros expertos, propone elaborar una «pedagogía del beber» para cambiar el actual modelo prohibicionista por otro basado en la educación y la prevención.
«No se trata de decir vamos a prohibir beber, sino vamos a aprender a beber bien, a aprender a hacerlo en casa», precisó el catedrático de Filosofía José Antonio Marina, otro de los autores del volumen.
La obra, inspirada en una publicación internacional llamada Drinking in context, aunque centrada en la realidad española, parte de datos como que un 61% de los jóvenes consumen alcohol habitualmente, que el 70% se iniciaron en el consumo entre los 13 y los 16 años o que la mitad de los adolescentes dicen emborracharse como mínimo una vez cada dos meses.
La segunda premisa en la que se basa el libro es que, a pesar de que en España está prohibida por ley la venta de alcohol a menores de 18 años, el 94% de ellos aseguran no encontrar trabas para adquirir bebidas de este tipo. Eso significa, según Javier Elzo, que «probablemente no hay una ley más incumplida en España». En opinión de este sociólogo es necesaria una norma, «pero hay que saber prohibir de forma inteligente».
Por su parte, Marina puso de relieve el fracaso del modelo basado únicamente en la prohibición por ley y en las argumentaciones médicas, y defendió otro que se base preferentemente en consideraciones éticas y sociales.