El número de hambrientos en el mundo se duplicará antes del 2050

A.??A.

SOCIEDAD

En el Día Mundial de la Alimentación, los expertos exigen que las donaciones agrícolas ?se eleven hasta el 17%

17 oct 2009 . Actualizado a las 12:28 h.

El brusco repunte del hambre causado por la crisis económica ha golpeado con mayor fuerza a las personas más pobres en los países en desarrollo, y ha puesto en evidencia la fragilidad del sistema alimentario mundial y la necesidad urgente de su reforma, según el informe presentado ayer en Roma por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Más de trescientos expertos debatieron sobre este problema con motivo del Día Mundial de la Alimentación.

La combinación de crisis económica y alimentaria empujó la cifra de víctimas del hambre a niveles históricos: más de mil millones de personas sufren el problema de forma crónica, según los cálculos de la FAO. ?La práctica totalidad residen en países en desarrollo.

Durante la reunión en Roma, el director general del organismo, Jacques Diouf, realizó un agónico llamamiento internacional para que se logre un consenso «para la eliminación total y rápida del hambre» que sufren 1.017 millones de personas en todo el planeta (cien millones más que el año pasado), y dejó en el aire otra cifra desalentadora: 2.300 millones de hambrientos antes del 2050, lo que supone duplicar la incidencia en solo cuarenta años. Según el estudio de la FAO, existen varios factores que han coincidido para hacer que la actual crisis sea «especialmente devastadora» para las familias pobres en los países en desarrollo.

Golpea a los más vulnerables

Primero, la situación está afectando a una gran parte del mundo de forma simultánea, reduciendo la posibilidad de mecanismos tradicionales de defensa como la devaluación de la divisa, solicitar créditos, el mayor uso de la ayuda oficial al desarrollo o las remesas de emigrantes.

En segundo lugar, la crisis económica llega tras otra alimentaria que ya había debilitado las estrategias de supervivencia de los pobres, «golpeando a aquellos más vulnerables a la inseguridad alimentaria en un momento de debilidad». Enfrentados al alza de los precios domésticos de los alimentos, la disminución de ingresos y empleo, y tras haber vendido sus activos domésticos, reducido el consumo de alimentos y recortado gastos en aspectos esenciales como la atención sanitaria y la educación, estas familias «se arriesgan a caer aún más hondo en la trampa del hambre y la pobreza».

El tercer factor que, según la FAO, diferencia esta crisis de las anteriores es que los países en desarrollo se encuentran más integrados en la economía mundial que hace 20 años, lo que les hace «más vulnerables a las fluctuaciones de los mercados internacionales».

Diouf instó a la comunidad internacional de donantes a aumentar hasta un 17% la ayuda a la agricultura, frente al actual 5%, hasta alcanzar los niveles que se lograron en 1980, cuando Asia y Latinoamérica fueron «salvadas de la devastación de las hambrunas de los setenta». «Los campesinos necesitan acceso a semillas de alta calidad, fertilizantes, abonos y tecnologías para impulsar la productividad -subrayó Diouf-, y sus Gobiernos necesitan herramientas económicas y políticas para que los sectores agrícolas de sus países sean a la vez más productivos y resistentes a la crisis».