En tiempos, el cultivo del olivo en Galicia no fue algo tan exótico. Hay constancia de extensos olivares en Marín y otras zonas de Galicia que fueron arrancados de una tacada. Orden de los Reyes Católicos. Política económica de Estado. Cuenta la leyenda que solo permitieron uno por parroquia, para producir aceite para las lámparas de la iglesia. Probablemente, aquellos olivos eran mucho más homogéneos que los que hoy se conservan en Galicia, pero hay una hipótesis en marcha para identificar una especie de aceituna autóctona, distinta y propia del país.
El proyecto está en manos de Invatia, una empresa privada que lleva dos años trabajando desde el parque tecnológico de Ourense en la determinación morfológica y genética de varias muestras recogidas en distintos puntos de Galicia. «Creemos que es una variedad diferente a las otras 272 que ahora hay registradas en España». Invatia espera tener resultados definitivos a finales de año. Tal vez la variedad 273 y un nuevo estímulo para difundir el cultivo del olivo en Galicia.
Sobre la identidad del olivo autóctono, hay un dato incuestionable: las aceitunas «galegas», según la terminología popular de una variedad bastante extendida por Portugal y también de la familia de las arbequinas.
En cualquier caso, el censo de olivos que hoy existen en Galicia es de lo más variopinto. Las nuevas plantaciones han sido adquiridas en viveros y, en muchos casos, de variedades arbequinas que mostraron un extraordinario rendimiento en Cataluña, pero que en Galicia se están quedando por debajo de las expectativas, según la opinión de varios técnicos.
La plantación de olivos no recibe prima alguna por parte de la Administración ni hay previstas líneas de ayuda para fomentar su cultivo. «Nosotros, cuando presentamos nuestro proyecto, nos tomaron por locos», explica el responsable técnico de una plantación de cinco hectáreas. Los últimos descendientes de la heroica resistencia al genocidio arbóreo de los Reyes Católicos están, a fecha de hoy, sin padre, madre ni filiación.