Mientras España va de mal en peor, hay algunos que se ríen

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

26 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Es así de triste. Los mercados internacionales ahogan a los Gobiernos. Europa se refunda o entra en decadencia. El miércoles se vivió en el Congreso de los Diputados un drama. Si no se convalidaba el decreto ley sobre negociación colectiva, a pocas horas de la Cumbre Europea, España podía hincar la rodilla. El desastre estaba a pocos votos y al PP parecía no importarle. En el partido hay de todo: los que quieren que caiga Zapatero a cualquier precio y a los que les pesa su sentido de la responsabilidad.

España va mal, acaso a peor, y bastantes se ríen, como algunos populares, Bildu y el PNV, cuyo portavoz, Josu Erkoreka, escenificó el esperpento: «Nunca me habían dado tanto por tan poco. Ja, ja». Así están las cosas. La mala gestión de Zapatero y su deseo de aguantar -incluso cediendo a los nacionalistas desmesuradas peticiones de sospechosa inconstitucionalidad- y el ansia del PP por gobernar, nos llevan a riesgos extremos. No es extraño que los ciudadanos pidan seriedad: unos en la calle y otros sin haber encontrado el cauce para hacerlo.

Entretanto, la España post 22-M se deja sentir y aparecen nuevos líderes, como María Dolores de Cospedal. Hasta ahora era muy importante, pero desde el 22-M, nadie puede toserle. La presidenta de Castilla-La Mancha ha dejado en evidencia a la mitad de la clase política. A sus antecesores -el inefable Barreda y Bono- por tener una maraña burocrática clientelar que ha liquidado nada más llegar: de 35 delegados de la Junta ha pasado a cinco. Está claro que goza de todo el apoyo de Rajoy y que no ha accedido al poder para administrar la decadencia autonómica sin inmutarse.

Mientras, Rubalcaba, atrapado entre sus cargos, su lealtad debida a Zapatero y el calendario en contra, busca resquicios para reconciliarse con el electorado socialista desertor, como la vuelta a los 120 kilómetros por hora. Como lamenta un dirigente, buen amigo suyo, «Alfredo está fastidiado porque le ha tocado lo peor, en el peor momento». Pero es perceptible que va articulando adhesiones de correligionarios. En el electorado, está por ver.

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