Cinelandias

'Retorno al pasado', la insuperable virilidad de Robert Mitchum

Intriga noir que muestra un inframundo de sombras movedizas, atmósfera fatídica y desesperadamente romántica, donde los personajes aman enfermizamente, como ángeles arañados de avaricia y despecho.

Por Juan Manuel de Prada

Viernes, 24 de noviembre 2023, 10:10

Unos pocos años antes de dirigir Retorno al pasado, Jacques Tourneur había revolucionado el cine de terror con una serie de títulos –con La mujer pantera (1942) al frente— que iban a dinamitar las convenciones del género: si hasta entonces las películas de miedo se habían preocupado de mostrar algo más, Tourneur nos enseñó que el alma tiembla más pavorosamente cuando se le enseña algo menos. Seguramente aquella estética de la elipsis se fundó en las exigencias del productor Val Lewton; pero fue Tourneur quien dio con el tono y el clima estéticos que permitirían, a través de la sugerencia y el ocultamiento, estremecer al espectador. Aquel milagro no hubiese sido posible, sin embargo, sin el concurso de uno de los más geniales operadores de fotografía de la historia, Nicholas Musuraca, que en La mujer pantera consiguió crear atmósferas opresivas y sensuales, tensas y angustiosas, mediante una utilización de la luz y las sombras nunca vista hasta entonces.

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Un tipo duro. Robert Mitchum, un duro de perfil casi cubista, andares muy pausados y una voz de insuperable virilidad aterciopelada, trabaja junto con Jane Grer (en la foto) y con un principiante jovial y siniestro, maquiavélico e impulsivo, llamado Kirk Douglas.

Después de aquella colaboración, Tourneur y Musuraca siguieron sus respectivas carreras por separado, al servicio todavía de Val Lewton, hasta que, avanzada la década de ... los cuarenta, los directivos de la RKO decidieron volver a juntarlos, esta vez en una película de presupuesto mucho más holgado, asignándoles además al que por entonces era el actor más rutilante de la compañía, Robert Mitchum, un duro de perfil casi cubista –con una nariz tallada a golpe de hacha y una mirada fiera y neutral a un tiempo—, andares muy pausados y una voz de insuperable virilidad aterciopelada; y añadirán al reparto a un principiante con ganas de comerse el mundo, un tipo que podía ser a un tiempo jovial y siniestro, maquiavélico e impulsivo, llamado Kirk Douglas. Se trataba de dirigir una adaptación de una novela noir de Daniel Mainwaring, quien se había encargado también de escribir unos diálogos casi sublimes.

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