Gran musa de David Lynch, Laura Dern salió en una película por primera vez con 6 años. A sus 58, la hija de Diane Ladd y Bruce Dern ha rodado más de cien y se conoce Hollywood como la palma de la mano. En su nuevo filme, 'Sin conexión', invita a las parejas que llevan tiempo juntas a recuperar el sexo apasionado; suficiente para iniciar con ella una jugosa conversación.
Guy Kelly | Fotografía: Emily Berl
Viernes, 6 de febrero 2026, 10:16
Laura Dern ha aparecido en 107 películas y series de televisión. Es una actriz de la vieja escuela, una auténtica hija del Hollywood de los ... setenta, que ha combinado taquillazos con películas de culto. Ahora, esta gigante del cine promete salvar tu matrimonio –o, al menos, impulsar tu vida sexual– con Sin conexión (estreno: el 20 de febrero), su nuevo proyecto.
«Es una película muy sexy para una cita nocturna –señala–. Confío en que provoque que muchas parejas que llevan tiempo juntas tengan sexo apasionado». Se refiere, se supone, a cuando acabe la proyección. «No hay nada más sensual que estar con quien te conoce mejor que nadie –prosigue con entusiasmo–. Ninguna app te ofrece eso. El sexo con desconocidos no es tan excitante como hacerlo con esa persona con la que puedes hacer de todo y reírte a carcajadas. Esa química y esa conexión son hermosas, únicas».
El amor y la risa son, justamente, los temas de Sin conexión. Dirigida por Bradley Cooper y protagonizada por Dern y Will Arnett, se basa en la historia de toda una celebridad televisiva en el Reino Unido, el cómico John Bishop. Visitador médico hasta los treinta y tantos, una profunda crisis en su matrimonio cambió su vida. Al borde del divorcio, en un impulso desesperado, una noche se subió borracho al escenario de un club y soltó un monólogo cómico. La experiencia fue terapéutica. Descubrió que se le daba bien y que, además, era justo lo que necesitaba para reexaminarse a sí mismo y su relación. Su esposa, Melanie Cornall, lo escuchó, vio lo que ella significaba para él y la relación recobró vida. Tanto que los Bishop siguen juntos.
Decir que Dern es buena actriz resulta innecesario: lleva más de medio siglo mejorando todo lo que toca: Jurassic Park, Terciopelo azul, Corazón salvaje, Big little lies, Historia de un matrimonio, Star wars: los últimos jedi... Curiosamente, desde que cumplió 50 años —hace ocho—, su agenda se ha intensificado hasta alcanzar la cima de su popularidad. Un fenómeno que la crítica ya llama Dernaissance (combinación de 'Dern' y renaissance, 'renacimiento' en francés). Su Oscar por Historia de un matrimonio (2019) se convirtió en un acelerador de ofertas, que desde entonces no han dejado de multiplicarse: cine, series y hasta el papel de madrastra en un videoclip de Taylor Swift. En Jay Kelly, su último trabajo junto con George Clooney, aparece una frase que podría definir a Dern: «Todos mis recuerdos son películas», dice el protagonista, un icono del cine renacido. Es una confesión sobre el coste de una vida dedicada al estrellato. Dern no se arrepiente de la suya, pero comprende el sentimiento perfectamente. Sus padres eran Bruce Dern y Diane Ladd; su madrina, Shelley Winters. Los amigos de la familia no eran vecinos, eran leyendas. Es más, ella misma fue concebida en 1966 durante la grabación de Ángeles salvajes, dos años antes de que sus padres se separaran. La pequeña Laura pasó su infancia entre estudios, alfombras rojas y escenarios exóticos, viajando de un rodaje a otro. El año en que cumplió los 7, por ejemplo, lo vivió con su madre mientras filmaba Chinatown y con su padre en el set de El gran Gatsby.
«Cuando veo mis películas es como cuando tú ves tu álbum de fotos: 'Qué época tan difícil en el cole', 'aquí fue cuando me enamoré'... Son parte de mi vida. Algunos directores han sido mis mejores amigos y mis profesores. David Lynch, por ejemplo, fue mi universidad».
Al principio, recuerda, su padre no quería que se dedicara al cine; a su madre tampoco le hacía mucha gracia. «Era actriz y se preocupaba por mí con razón. Tenía miedo a las inseguridades que implica este trabajo, a la vulnerabilidad, a la adolescencia, a la proyección pública, a los hombres... Pero, en general, yo tuve mucha suerte».
De niña jugaba en las piscinas de los hoteles con Jodie Foster, cinco años mayor que ella, aprendiendo juntas todo lo que podían de las leyendas que las rodeaban. Para cuando empezó a aparecer como extra en las películas de su madre, primero en Los traficantes, de 1973, con Burt Reynolds, y luego en Alicia ya no vive aquí, de Scorsese, parecía inevitable que se convirtiera en una gran actriz.
Dern sonríe y pone los ojos en blanco cuando le planteo que hoy la llamarían nepo baby ('actriz o actor famoso cuya carrera se benefició por ser hijos de estrellas'). «Es una locura. Me pregunto si alguien llama así al hijo de un carnicero que se hace cargo del negocio... ¡Jesús, qué absurdo! Cuando empecé, quería diferenciarme y que los directores de casting no mencionaran a mis padres. Entonces no existía eso de nepo; fui parte de una historia que me dejó un legado: crecí en esta industria. Para mis hijos, sin embargo, es como una letra escarlata estampada en su frente. Supongo que las redes sociales nos han llevado a esto».
En su propia familia, las manzanas no han caído lejos del árbol: su hijo, Ellery (de 24 años), es músico, mientras que Jaya (de 21) es una prometedora actriz. «Son las mejores personas que he conocido –dice, llevándose una mano al pecho–. No intento ser buena madre, solo quiero pasar tiempo con ellos, escuchar sus mentes en acción».
La lista de directores con los que ha trabajado esta mujer es una de las más impresionantes de Hollywood: Steven Spielberg, Clint Eastwood, Robert Altman, Peter Bogdanovich, Todd Haynes, Paul Thomas Anderson, Jonathan Demme…, pero es David Lynch, fallecido hace un año, quien más huella le ha dejado. «Fue el regalo de mi vida», dice la actriz. Para él, ella era tidbit, algo así como 'tesorito'. Fue Lynch quien la empujó a dejar las clases de interpretación y le dio un papel secundario clave en Terciopelo azul (1986). Cuatro años después devoró la pantalla junto con Nicolas Cage en Corazón salvaje y, más tarde, volvieron a encontrarse en Inland Empire y, por último, en Twin Peaks: el regreso.
A Dern jamás le ha preocupado 'mojarse' en temas espinosos. Tuvo buenas maestras. «Las mujeres que me criaron, mi madre, Jane Fonda, Gena Rowlands y Shelley Winters, eran activistas. Había mucho que reclamar: más protección de los derechos humanos y de las mujeres, igualdad de género... Con 7 u 8 años me llevaban a las manifestaciones; ese era nuestro plan de los sábados. Tengo claro que si algo está roto hay que reaccionar».
Recientemente, Robert de Niro reclamó a los norteamericanos que se pusieran en pie contra Donald Trump: «Esto no es una película, no podemos quedarnos sentados y observar. Debemos actuar ya», expuso. ¿Cree Dern que los actores deben alzar la voz? «No me corresponde a mí decir lo que debe hacer o dejar de hacer con su vida y con su voz ni un actor ni otro ser humano. Pero sí creo que hay que actuar. Se lo debo a mis hijos. El planeta se está desmoronando a nuestro alrededor». Y añade: «No leo ni miro Instagram o redes sociales, pero como me enseñó mi maestra de cuarto de primaria: hay que ser fiel a lo que uno siente».
A Dern le preocupa cómo las sensibilidades políticas se cuelan ahora en las decisiones cinematográficas. «Antes, lo importante era contar una gran historia. Ahora enseguida dicen: 'Ah, es una película demasiado liberal'. No sé si hoy se podrían hacer cosas tan comprometidas como Norma Rae, Silkwood o Un mundo implacable, una de las películas más importantes de todos los tiempos. Todo es una locura».
En definitiva, reconoce, su oficio se ha vuelto cada vez más complejo. «De niña, mis padres hacían una entrevista en la tele o para un medio impreso y eso era todo. No salían en revistas de moda, no había redes sociales, las personas no eran 'plataformas' ni 'marcas'. Eras solo un actor. Y no sabías si Robert de Niro tenía familia, si Jack Nicholson tenía hijos o detalles de la vida privada de Al Pacino. ¿No es increíble?».
La propia Dern nunca habla de su vida sentimental y, sobre todo, se niega a dejarse seducir por la cada vez más omnipresente cirugía estética: «Quiero que mis interpretaciones sean humanas. Cuando eres dueña de tu poder y de tu feminidad, ganas en belleza. Tu rostro te encuentra, te reconoce».
El efecto Dernaissance, por lo tanto, sigue en marcha. Tras salvar con su nueva película a los matrimonios en crisis, ha retomado su papel en la serie Palm royale (Apple TV), donde hace de activista feminista, y aguarda ansiosa el rodaje de la tercera temporada de Big little lies, donde quizá su personaje, Renata Klein, vuelva a lanzar diatribas desquiciadas como aquella de: «Volveré a ser rica. Me levantaré. Compraré un maldito oso polar para cada niño de esta escuela. Y luego te aplastaré como el bicho que eres».
Antes descansará un poco. Pero no mucho. A sus 58 años siente que le queda mucho por delante. «Siento que aún está por llegar el momento en que me sienta adulta, cómoda conmigo misma. No sé si eso llegará algún día –reflexiona–. Mi padre tiene 89 años y acaba de terminar una película. Los estudios sobre la longevidad dicen que las vidas con propósito son más largas, ¿y sabes qué? Yo lo creo».
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La muerte de su hermana
En 2023, Laura Dern y su madre, Diane Ladd, escribieron un libro cuando ya sabían que a Ladd le quedaba poco de vida (falleció en 2025, a los 89 años). El libro recoge la única conversación que madre e hija han tenido sobre la pequeña Diane Elizabeth, que falleció a los 18 meses como consecuencia de un accidente (se ahogó en la piscina), antes de que su hermana Laura viniera al mundo. Dern confiesa: «Supongo que fui una especie de hija sustituta. Me decía a mí misma que tenía una responsabilidad especial, que os lo debía —a ti, a papá y a la abuela—, que tenía que hacer lo posible para que no volvieseis a sufrir un dolor tan espantoso».
Abusada a los 14 años
A los 14 años, Laura Dern fue víctima de abusos por parte de un hombre adulto, cuyo nombre no ha revelado. De hecho, tardó décadas en contar el abuso, incluso en reconocer que había sido una agresión. En el programa de Ellen DeGeneres explicó cómo, durante décadas, justificó el comportamiento del adulto ante sí misma. Fue su madre quien, al saberlo, le hizo ver lo que era en realidad: «No, no, no, Laura, eso fue abuso sexual. ¡Tú solo tenías 14 años!». Dern no quita importancia a lo sucedido, pero asegura que tuvo la suerte de contar con una madre protectora en un entorno en el que los riesgos eran enormes.
Y 'el antídoto': una familia en la que apoyarse
Laura Dern está divorciada desde 2013 del músico Ben Harper, con quien tiene dos hijos: Ellery, de 24 años, y Jaya, de 21. Es su único matrimonio, pero antes tuvo mediáticas relaciones con Kyle MacLachlan, Jeff Goldblum y Billy Bob Thornton. Desde su divorcio, su única pareja conocida ha sido el jugador de baloncesto Baron Davis, pero en la actualidad no aparece con pareja en público.
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