Un estudiante vigués colabora en el diseño del corazón artificial del futuro

Redacción digital VIGO

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El trabajo de Alejandro Santos en Alemania ha permitido reducir el peso de los prototipos en un 26%.

17 dic 2010 . Actualizado a las 18:22 h.

Para muchas personas un corazón totalmente artificial constituye la única terapia alternativa, de ahí la importancia de seguir avanzando en la búsqueda de nuevos diseños y conceptos que hagan estos dispositivos más autónomos. Al amparo de las múltiples investigaciones que se están llevando a cabo en esta línea el estudiante Alejandro Santos (Vigo, 1986) acaba de presentar los resultados de una investigación con la que consiguió reducir más de un 26% el peso del prototipo, uno de los objetivos básicos del conocido como corazón del futuro.

Fueron siete meses de intenso trabajo, pero pocas veces un estudiante tiene la oportunidad de realizar su proyecto fin de carrera al amparo de un trabajo de investigación de estas dimensiones. Santos, alumno de la ETS de Ingenieros Industriales, lo consiguió y el curso pasado lo pasó en la RWTH Aachen University de Alemania trabajando en este proyecto.-

«Mi trabajo allí se centró en buscar la reducción de peso y el volumen del accionamento eléctrico de este tipo de corazón», apunta Santos, que explica que la solución pasaba por lograr un diseño más ligero, reduciendo el peso y las dimensiones del motor, pero teniendo en cuenta que la reducción del volumen del mismo estaría limitado por el aumento de las perdidas eléctricas máximas admisibles «que, previsiblemente, aumentarían en la medida en la que el nuevo diseño redujese su tamaño», explica.

Para superar estas dificultades Santos echó mano de una técnica innovadora de optimización, denominada Differential Evolution Algorithm, que consiste en la generación de un número muy elevado de diseños diferentes, generados aleatoriamente mediante computadora, que evolucionan hacia una solución excelente a través de la comparación entre todas las variantes.

Finalmente, los resultados conseguidos cumplieron los objetivos establecidos, reduciendo más de un 26% el peso del prototipo y respetando en todo momento el límite de pérdidas admisibles. «Conseguimos que el dispositivo se quedara en 459, 88 gr. el que es todo un avance», apuntó el estudiante, al tiempo que especificó que este es el peso del motor que hace funcionar al corazón.