«Cartas de amor de una monja portuguesa» recupera la historia de la monja portuguesa Mariana Alcoforado.
04 feb 2010 . Actualizado a las 20:19 h.El Teatro Arte Livre vuelve a prestar su escenario para la programación de la Rede Galega de Salas. En esta ocasión los espectadores podrán disfrutar de un experimento en el que la escenografía y la posición del público no son nada convencionales, «pero creemos que son justificadas y sumamente necesarias». explican los responsables de la compañía Santart de Santiago de Compostela, que presenta Las cartas de amor de una monja portuguesa , bajo la dirección de Theodor Smeu Stermin.
La compañía recupera la historia de la monja portuguesa Mariana Alcoforado, trasladando al escenario las cinco cartas de amor de esta mujer enamorada, interna en un convento desde niña por deseo de su padre.
El público, de pie
Durante el relato de este drama los espectadores permanecen de pie en el exterior de una jaula de madera, mirando la acción a través de un ventanuco de confesionario mientras la actriz protagonista, Raquel Pintos Rosendo, desarrolla el juego dramático dentro de la jaula de 1,70 metros cuadrados. Por este motivo, el espectáculo, que tiene una duración de 40 minutos, puede ser visto solamente por diez espectadores en cada función.
Las cartas de la monja portuguesa, dirigidas a un militar francés, el conde de Saint-Leger, aparecieron en enero de 1669 en una librería próxima a Saint Chapelle de París. Resistieron el paso del tiempo y son el testimonio de un amor que triunfó sobre las prohibiciones y la distancia a través de la palabra.
Texto cautivador
«No es precisamente la epistología el género literario más apto para la dramatización, pero aun así, nos atrevemos a dar una forma escénica a las cinco cartas de amor firmadas por la monja portuguesa Mariana Alcoforado. Sus contenidos cautivan por la manera ingenua y la precisión exacta con la que son expresados los sentimientos amorosos. Todo aquel que lee las cinco cartas experimenta una intensa pesadumbre delante de la vulnerabilidad humana que sustentan. El público asiste con asombro la perdida de todo límite por parte de la voz enamorada», asegura el escenógrafo rumano Theodor Smeu Stermin.