El vigués Sechu López, del Club Montañeiros Celtas, narra las hazañas que lo han llevado a conseguir en dos meses su primer ochomil en la cordillera del Karakórum
21 ago 2009 . Actualizado a las 11:13 h.Lleva prácticamente toda la vida haciendo deporte y realizando actividades de montaña; alcanzar la cumbre del G-2 en Karakórum era el reto que se había propuesto y el día 2 de agosto pudo ver culminado ese sueño. Ahora, este vigués de 43 años pasea por su ciudad con un ochomil bajo el brazo del que puede sentirse orgulloso.
El inicio de una aventura
No a cualquiera se le pasa por la cabeza embarcarse en una aventura como la que Sechu ha realizado con evidente éxito. Por tal razón es lógico que nos cuestionemos el por qué de tan arriesgada decisión. La respuesta: algo tan sencillo como encontrar en un artículo a un grupo de alpinistas con las mismas inquietudes que tú. «Poco a poco vas buscando esas pequeñas cosas que te vayan aportando algo más. Casualmente cayó en mis manos un artículo de una revista de un Club de Madrid; lo leí y me pareció asequible para alguien como yo, así que en febrero comencé a moverme y a ver las posibilidades de ir a Karakórum», dice el ochomilista.
Respaldo familiar, laboral y económico
Pero uno no puede lanzarse a una expedición semejante sin estudiar antes lo que ésta conlleva. En el caso de Sechu fueron tres los principales factores a tener en cuenta antes de tomar la decisión. «Está el tema familiar, el laboral y el económico. Tengo dos hijos, y dos meses fuera de casa supone que alguien se tiene que quedar con ellos, pero bueno, como sabían que me hacía ilusión lo arreglamos bien. Por otro lado está el trabajo, pues yo tengo un mes de vacaciones como cualquiera, así que tuve que pedir treinta días de permiso extra y, evidentemente, ese mes no lo cobro. Y ya por último, el tema económico, pues si no tienes quien te apoye no puedes hacer nada; además del coste del viaje están los ingresos que no entran», reflexiona el alpinista.
Condiciones físicas y psicológicas
Si para escalar más de ocho mil metros tienes que disponer de un buen estado físico, no puedes descuidar más el psicológico. «Evidentemente tienes que partir de una buena condición física, pero no hace falta ser una máquina. En cambio de cabeza sí, de cabeza tienes que estar muy bien. Tienes que tener las ideas muy claras, y tener una buena base en este deporte del montañismo; esperiencia. En una expedición como ésta surgen problemas técnicos, deportivos... y tienes que estar preparado para solventarlos, sino enseguida te vienes abajo», afirma el vigués.
Tirar la toalla
Si hubo un momento en el que a Sechu se le pasó por la cabeza dejarlo todo y tirar la toalla fue el día que dieron por desaparecido a su compañero. «Ya sabes que eso puede pasarle a cualquiera, incluso a uno mismo, pero nunca terminas de creerlo, y cuando te toca de cerca es cuando te das cuenta. Si en el momento que desapareció el compañero no tuviera cosas en la montaña, si tuvieras todo contigo no tienes ganas de subir, pero bueno, fueron los primeros momentos. Luego reflexionas, van pasando los instantes de mas dolor y al final te repites que has ido allí a hacer montañismo y continúas», dice conmovido López.
El sentimiento de un sueño
Meses preparando un viaje que no sabes dónde terminará, gente que te anima a luchar por tus anhelos, esfuerzos físicos y al final, un sueño hecho realidad. «Llegué contentísimo, cuando finalizó la ascensión sentí una explosión de júbilo, de alegría, de todo. En ese momento piensas en toda la gente que te apoyó: en la pareja, en los hijos, en la s personas más próximas. Y también pensé en mi compañero. Una vez en la cumbre piensas en todas esas cosas; mi compañero también quiso llegar aquí y quedó en el camino. Ahí llegué a llorar», añade.
Una cumbre con nombre propio
Y si es un orgullo llegar a lo más alto, no puede ser menos que te dediquen tal hazaña. «Le dedico totalmente esta cumbre a la memoria de mi compañero Luis M. Barbero. Si no hubiese ocurrido lo que ocurrió supongo que se lo dedicaría a la pareja o a los hijos. Si el día 28 hubiese llegado al G-1, hubiese convertido la ascensión en el regalo de cumpleaños de mi hijo pequeño, que nació el día 27», afirma.
Resultados físicos
Por mucho deporte que sea, ascender a la cima de una de las montañas más altas de la tierra, con la técnica más ligera y sin oxígeno artificial no puede ser demasiado saludable. De ahí que Sechu haya perdido tanto peso; algo evidente y esperado después del esfuerzo realizado. «Me encuentro bien de fuerzas, más delgado, pero bien. Eso sí, no tengo ganas de entrenar ahora, ni de ir a correr, ni tampoco de ir al gimnasio; no me apetece nada, pero estoy bien. Ahora me tocan unas vacaciones con mis hijos», asegura Sechu.