No hay dos sin tres o a la tercera va la vencida. Estos son las dos referencias que nos regala el refranero español para la situación que vivirá el Real Club Deportivo este domingo al enfrentarse al Levante.
Tres temporadas en primera división en el último lustro y todas con un final en situación límite. En las dos anteriores se sufrió la debacle, en esta aún queda opción de evitar el descenso. Lo cierto es que el domingo en Riazor al final del partido las lágrimas serán las protagonistas, bien aquellas que reflejen la emoción de la salvación o las que denoten la amargura de un nuevo descenso. Pero la realidad nos mostrará un partido único en el que se jugarán todas las opciones de un proyecto que depende como pocos de estar en Primera División.
Las connotaciones sociales y deportivas del partido superan con creces a cualquier momento vivido en esta temporada. Este fin de semana se espera y se desea más que en cualquier otra jornada. La razón dejará paso al anhelo de que el equipo gane sin cuestionar absolutamente nada de lo que haya ocurrido anteriormente. El objetivo es ganar para mantener viva la esperanza de seguir estando en la élite.
Estaría bien que mientras toda una ciudad vive con intensidad el desarrollo de este partido, alguien se quedase a pensar por qué esta situación se vuelve a repetir por tercera vez en tan poco tiempo, por qué el Deportivo no alcanza para estar en Primera División con solvencia y le sobra para estar en la categoría de plata del fútbol español. Todas las tomas de decisiones llevadas a cabo con anterioridad por todos y cada uno de los que deciden en la institución se verán examinadas en noventa minutos de un partido que puede representar la justificación a todo lo hecho o desechar todo lo decidido por ineficaz.
Estaría bien que mientras todos sufren la incertidumbre de un partido, alguien analizase cómo se ha llegado hasta esta situación nuevamente, cómo se han instrumentado las decisiones tomadas y cuales han sido las consecuencias. Decisiones tomadas por todos, desde jugadores a la hora de desarrollar una jugada, el técnico al definir su modelo de juego, la dirección deportiva para elegir el protocolo deportivo institucional y a la dirección general a la hora de definir el modelo de club. En dicho análisis surgirán las claves para apuntalar aquellos departamentos que no alcanzan los mínimos necesarios y constatar cuáles de ellos han generado valor y rendimiento adecuado a la exigencia.
Un partido a todo o nada se juega desde el corazón, desde la cooperación y el rigor individual para respetar el plan colectivo. Una temporada se ha de jugar con muchos más contenidos que los anteriormente mencionados.
Álex Couto es entrenador y máster profesional en Fútbol. Autor del libro «Las grandes escuelas del fútbol moderno»