Repartieron folletos entre los diputados en favor de la estabilidad laboral de la cadena, negando además que hubiera «excedentes» de recursos humanos en la compañía.
Mientras los ojos de todo el mundo se centraban en el rescate de los 33 de Atacama, los trabajadores de las centrales térmicas de As Pontes y Meirama (Cerceda), orgullosos de su pasado minero, arrancaban su propia marcha negra.