El último vuelo de los transbordadores deja a EE.UU. a expensas de Rusia
09 jul 2011 . Actualizado a las 16:47 h.La NASA sabe cómo dar espectáculo y lo volvió a demostrar ayer con el último lanzamiento del Atlantis. Esta vez, además, tuvo la ayuda de la meteorología. El despegue del transbordador tenía una ventana -período exclusivo en el que las condiciones permiten realizar el lanzamiento- de cinco minutos, entre las 11.26 y las 11.31. Pero en los últimos días todo el mundo miraba al cielo, ya que parecía que las condiciones atmosféricas iban a retrasar el último viaje. Al amanecer de ayer, la agencia espacial anunció que solo había un 30 % de posibilidades de que el despegue pudiera efectuarse, porque la lluvia o las tormentas eléctricas en un radio de 30 kilómetros alrededor de la pista de lanzamiento obligarían a suspenderlo.
Con un millón de personas en el área de Florida cercanas a Cabo Cañaveral para ver el despegue en directo y muchos más pendientes a través de la televisión, la NASA detuvo el reloj del lanzamiento 31 segundos antes de la hora prevista sin dar ninguna explicación. Pero cuando todo el mundo pensaba ya que el Atlantis iba a tener que esperar al menos un día para comenzar su último viaje, la agencia reanudó el conteo. A las 11.29, la nave partía hacia la estación espacial internacional en la que es su última expedición.
A bordo de la lanzadera van cuanto tripulantes: el comandante Chris Ferguson, que viaja por segunda vez al espacio; el piloto Dough Hurley para el que también es su segundo viaje en un transbordador; la ingeniera Sandra Magnus, para la que es su tercera misión, y el especialista Rex Walheim, también con tres viajes. La carga está compuesta por provisiones y otros suministros para la estación espacial internacional. Está previsto que la misión, STS-135, concluya con el aterrizaje del Atlantis, también en Florida, el próximo 20 de julio, el mismo día que se cumple el 42.º aniversario de la llegada del primer ser humano a la Luna.
A partir de ese día, será la primera vez en más de 50 años (salvo un período entre 1976 y 1981) en la que EE. UU. carezca de un vehículo espacial preparado para llevar humanos al espacio. Hasta que vuelva a tener otra nave capaz de realizar esa misión, Norteamérica dependerá de las naves rusas para los viajes de aprovisionamiento a la estación espacial. Y por cada uno de esos viajes la NASA pagará más de 50 millones de dólares.
La agencia espacial estadounidense entra a partir de ahora en un nuevo período de su historia marcado por la falta de concreción en los objetivos. Incluso el presidente Obama aseguró hace dos días que no puede «seguir haciendo lo mismo una y otra vez».