La alcaldesa de Betanzos, María Faraldo, explica que durante las jiras se toman muy en serio la seguridad. Y no es para menos, visto el lamentable estado que presentan, río arriba, una legión de chavales que parecen sacados de una película de muertos vivientes. Lo mismo que beben por un orificio vacían por el otro donde les place. ¿A alguien le quedan ganas de ligar en semejante ciénaga?
Explica la regidora que, a las 21.00, sí o sí, hay que apagar los generadores, de manera que se pueda ir desalojando tanto el campo de la fiesta como el tramo de río que está a sus pies, completamente lleno de embarcaciones. No quiere ni pensar en que alguien se pueda caer al agua o, lo que es peor, en que llegaran a chocar un par de lanchas. Protección Civil se empeña a fondo; se trata de que no se cumpla ese dicho macabro que reza: «O río Mandeo, cada ano leva o seu».
La campaña del Concello llamando a la moderación etílica, sobre todo de los jóvenes, no parece haber tenido mucho eco. Y el que diga que no hay menores borrachos no estuvo ayer donde había que estar. «¿De verdad quieren que se vuelva a lo que un día fue? -inquiere, indignado, un vecino- ¡Pues lo que tienen que hacer es prohibir el botellón en el campo de la fiesta y arreglado! Pero no lo hacen». La próxima jira se celebrará el día 25, otra vez río arriba.