En algunas comunidades se optó por excluir de pago y uso a los vecinos opositores
06 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La instalación de ascensores en edificios de la ciudad no es una tarea fácil y está hipotecando el tiempo de numerosos vecinos dispuestos a luchar por disponer de un servicio considerado indispensable al llegar a una determinada edad. Ángeles Fandiño, del grupo de viviendas Casas de Ramírez, resumía en una frase lo que está ocurriendo con cientos de mayores en Santiago. «Están prisioneros en sus casas, no pueden salir a la calle. Es como si estuvieran enterrados», se lamenta. Un lamento que ha terminado en resignación para otros vecinos de la ciudad, donde la instalación del ascensor pasa por alcanzar un acuerdo «imposible».
En Casas de Ramírez hace tres años que se iniciaron los trámites administrativos y acaban de conseguir el beneplácito de Patrimonio, que es indispensable al tratarse de un grupo catalogado como viviendas singulares de los años 60. El proyecto aceptado es de Óscar Andrés Quintela e introduce el ascensor por el centro de las escaleras, lo que obligará a remodelar los peldaños. De los 17 bloques del grupo, solo seis asumieron el pago del proyecto. La instalación de cada ascensor supondrá una inversión de entre 120.000 y 140.000 euros. Durante las obras, los vecinos tendrán que optar entre emplear unas escaleras provisionales por los andamios (idénticas a las colocadas en Vista Alegre) o trasladarse fuera del edificio durante las dos semanas que durará la retirada de las escaleras y la instalación de nuevos peldaños.
Aunque en este caso se superarían así los problemas estructurales del edificio, los económicos tendrán que pasar por la petición de subvenciones dentro del plan Renove o negociar créditos blandos con entidades bancarias.
El caso de A Estila
Precisamente, los problemas estructurales fueron los que impidieron la instalación de ascensores en varios bloques de la Estila. Allí, de los siete edificios del grupo, en dos de ellos no se podrán colocar al ser imprescindible la ocupación de vía pública, ya que la otra opción sería que la puerta del ascensor abra en la cocina o en el dormitorio principal. En otros dos edificios, las trabas económicas impedirán dotarlos de ascensor. En uno de ellos, un residente del cuarto piso calculaba que tendría que desembolsar 45.000 euros y pagar 200 euros mensuales al ser solo dos los vecinos interesados en el elevador.
En los edificios que instalaron el ascensor se llegó a un acuerdo con los opositores, que quedaron excluidos de todos los gastos a cambio del voto favorable. Los que pagaron tienen una llave para utilizar el ascensor y, si en el futuro alguno más se suma solo tendrán que pagar la inversión inicial y a cambio recibirá la llave.