Los conductores siguen dejando el vehículo en zonas prohibidas a pesar de la intensa actividad de la grúa
23 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El incivismo institucionalizado: vehículos que ocupan -y destrozan- las aceras; peatones que no tienen más remedio que caminar por el asfalto porque las aceras son aparcamientos; padres y madres que arrastran carritos de niños o personas en sillas de ruedas circulando entre los coches... Ocurre a diario en numerosas calles de la ciudad, pero los alrededores de los recintos hospitalarios se llevan la palma.
En el entorno del Clínico, la situación es tal que los vecinos de la zona, sobre todo de la avenida de Barcelona, han puesto el grito en el cielo y dicen que ya no se puede consentir semejante despropósito. Los coches campan en cualquier parte: en las rotondas, en las isletas, en las aceras, encima de los jardines... La grúa suele hacer un trabajo fino, pero no es suficiente. En cuanto se relaja, decenas de vehículos ocupan las áreas que dejaron los anteriores y, así, de lunes a viernes, de 8.00 a 14.00 horas.
La puesta en marcha del aparcamiento subterráneo ha resuelto poco. Si bien es cierto que el estacionamiento, aún teniendo unas tarifas muy poco populares, tiene mucho movimiento, la mayor parte de los usuarios del recinto hospitalario prefieren arriesgarse, cruzar el coche en una acera y no pararse a pensar en que alguien en silla de ruedas tendrá que desviarse por la calzada; es la filosofía del ande yo caliente.
La mayor parte de los que infringen se excusan de la siguiente manera: «Yo no tengo la culpa de que no haya donde aparcar; tengo una cita en el médico y tengo que llegar como sea». En el entorno del Clínico llama la atención un detalle: muchísimos de los coches que invaden zonas ajardinadas o peatonales son de alta gama. ¿Acaso sus dueños pueden pagarse el párking? Evidentemente sí que pueden, pero, por lo extendido de la práctica, el fenómeno parece casi cultural. En algunos lugares se han llegado a colocar piedras ornamentales gigantescas para evitar la invasión de los coches. La situación es común en muchas calles de la ciudad recientemente urbanizadas (Fontiñas, rúa da Canteira...); las aceras más anchas son, simplemente, aparcamientos más anchos.