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La máquina está en una zona en obras en la que la velocidad máxima no está clara
05 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los usuarios de la carretera Nacional 540 (Santiago-Lugo) deben estar atentos, muy atentos, al velocímetro de sus vehículos. No es para menos. En el punto kilométrico 87,4 hay instalada una de esas máquinas, que se encargan de cazar a quienes bajan la guardia y pisan en exceso el pedal del acelerador. Ni siquiera la advertencia de zona controlada por radar es suficiente para evitar, que a lo largo de este verano, muchos hayan recibido la carta de la Dirección General de Tráfico.
El cartel de aviso está situado, como no podía ser de otra forma, en la entrada de Amenal, un pequeño núcleo rural del municipio de O Pino, en el que una larga recta invita a pisar en demasía. Concretamente, antes del aviso, un cartel prohíbe circular por encima de los 50 kilómetros por hora. Una información sobrante, teniendo en cuenta que se entra en un núcleo, pero lo cierto es que ni con esas es es suficiente.
El conductor podría pensar que la máquina cazadora está camuflada en algún lugar a lo largo del núcleo. Pero no es así. La máquin a de los corredores se sitúa después del cartel de finalización del núcleo de Amenal y, más concretamente, en la primera curva del polígono industrial que Fadesa promueve en O Pino. A pocos metros del radar hay un cartel de obras (fondo amarillo), que limita la velocidad a 60.
Pero los conductores, dado el escaso movimiento de obras y la confianza de que el radar supuestamente ya ha sido rebasado, suelen superar con mucha frecuencia los 60; e incluso los 80. Una breve parada en el arcén permite comprobar la rentabilidad de la máquina de la DGT. De los doce vehículos, entre ellos tres camiones, que pasaron durante no más de veinte minutos todos superaban con creces los 60 del cartel amarillo -un cartel que, visto por detrás, limitaba a 70 pero ha sido reciclado para hacerlo a 60-. Si la máquina detectora está en funcionamiento, la DGT está haciendo su agosto.
Lo curioso de todo es que, de acuerdo con la alerta lanzada por quien ya fue cazado hace unas semanas, el radar efectivamente está activo; y tan activo. La multa de cien euros (70 si se paga dentro del período voluntario) le llegó sin contemplación. Jesús Fernández Barreiro critica especialmente la ubicación de la máquina del radar, después de la zona urbana, y también considera inadecuado que el radar multe por superar los 60 kilómetros por hora en una zona en la que las obras son más bien escasas.
Algo que también llama la atención es el hecho de que, aún dentro del tramo de curvas y en subida que está en obras, hay nuevos carteles que permiten circular a 80 por hora. Claro que esta zona ya no está controlada por radar y la velocidad a la que circulan los coches es incluso inferior al estar muy próximo la intersección de la carretera de Oviedo.
Algunos de los vecinos del lugar de Amenal dicen desconocer la velocidad que está regulada por el radar, pero se mostraron satisfechos con la instalación del panel que advierte del control, porque los coches circulan más despacio por el núcleo por miedo al radar.