«Para quienes amamos la medicina es duro dejarla por la dirección»

Nieves D. Amil
Nieves D. Amil PONTEVEDRA/LA VOZ.

PONTEVEDRA CIUDAD

En 60 años ha pasado de gestionar un centro familiar a otro con 300 empleados

31 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El aniversario del Hospital Domínguez lleva implícito el cumpleaños de Miguel Domínguez, su director. Ambos celebran sus 61 años de vida con el reconocimiento ayer de la asociación de vecinos de Boa Vila. Aunque la campana de la jubilación empieza a tocar en la cabeza de un traumatólogo casi por herencia, reconoce, entre risas, que «no me dejan».

-Tiene la misma edad que el hospital, fue uno de sus primeros bebés. ¿Pesa la responsabilidad en el aniversario?

-Tenemos una historia de 61 años. El hospital lo fundó mi padre el día del Carmen de 1949 en homenaje a mi madre y yo nací aquí en el el 22 de julio.

-¿Qué queda de la esencia de esos primeros años?

-Él fue quien marcó los principios que nosotros continuamos. Mi padre lo fundó con 26 años, solo y con muy pocas camas, que se fueron incrementando a medida que se multiplicaba su trabajo, un trabajo muy centrado en su persona y no en tantos servicios como ahora.

-Era un referente...

-Sin duda, recuerdo que todos los accidentados preguntaban por él. Hoy es distinto, nosotros tenemos doce traumatólogos con un trabajo con horarios. Se ha pasado del trato personal a tener 300 trabajadores.

-Es una vida dedicada a la sanidad y en una familia de médicos, ¿en algún momento se planteó no dedicarse a esto?

-Nunca me lo plantee, pero estuve fuera del hospital unos años. Hice la especialidad en La Paz y después estuve de médico adjunto en Montecelo hasta que en los ochenta me incorporé con dedicación exclusiva al Domínguez.

-Ha crecido día a día con el hospital, ¿cómo ha ido consolidándose esa relación?

-En sus comienzos era una empresa familiar y lo fue hasta 1996 cuando que se hizo la ampliación más importante. A partir de entones, se jerarquizó y dejé la medicina para dedicarme en exclusiva a la gerencia.

-¿Qué les hizo apostar por la ampliación?

-Se debe principalmente a la necesidad de ampliar tecnología y no camas. En el caso de La Merced, nos llamó el doctor Murillo para ser socios, y más tarde, como no tiene sucesores y no quería seguir trabajando, nos ofreció la posibilidad de comprarlo y así lo hicimos.

-¿A qué reto se enfrentan ahora en el Domínguez?

-El reto es seguir desarrollando la psiquiatría y la unidad de daño adquirido de La Merced, donde esperamos ser referencia a nivel nacional.

-Son una familia con sangre sanitaria, ¿hay alguien que se haya desviado?

-Los tres hermanos somos traumatólogos, mi hijo es patólogo y el hijo de mi hermano Rafael es internista.

-Vaya comidas familiares...

-Procuramos hablar de otras cosas, sino sería muy aburrido.

-¿El Hospital Domínguez seguirá, una vez más, de padres a hijos?

-Ahora ninguno se dedica a la gestión, están dedicados a la medicina... el tiempo lo dirá

-¿No piensa jubilarse?

-No me dejan por el momento, si pudiera no lo haría.

-¿Se ve aquí dentro de unos años?

-No lo sé, si pudiera descansar, descansaba.

-¿Dirigir es la cara amarga de la medicina?

-Sobre todo, es que en un hospital tan profesionalizado hay que abandonar la medicina y eso es muy duro para quienes estamos enamorados de nuestra profesión.

-Habla con nostalgia de su etapa como médico.

-La echo muchísimo de menos. Fue algo que decidieron en mi familia y acepté.

-Si hubiese que borrar algo de estos años, ¿qué tacharía?

-Son muchas que prefiero no recordar, como lo mal que lo pasamos con la ampliación de 1996 por motivos económicos. Fue una gran inversión.

-¿A qué se dedica cuando no dirige el hospital?

-A estar con mi familia y ahora, que tengo dos nietos, me gusta estar con ellos. Disfruto del mar y del Pontevedra.

-Y ¿el Pontevedra o la sanidad?

-Son cosas compatibles que me gustan con la misma pasión.