Un nuevo auto judicial obliga al Ayuntamiento de Poio a desmantelar la infravivienda de manera inminente
10 abr 2008 . Actualizado a las 10:21 h.Fueron expulsados de Monte Porreiro y tuvieron que regresar al poblado de O Vao. La familia realojada en la calle Portugal tuvo que ocupar de nuevo su chabola debido a las especiales circunstancias de una de sus integrantes. Enferma del corazón, con diabetes y con serios problemas de movilidad, resultó imposible para Rosario Suárez, Petusa, trasladarse a los hoteles que les ofrecieron cuando fueron obligados a abandonar el barrio pontevedrés.
El inminente derribo de su casa en O Vao pone a los afectados en una difícil encrucijada, especialmente a la mujer. Sin posibilidad de volver a Monte Porreiro ni de acudir a los hoteles de acogida, Petusa asegura que plantará cara a los que traten de tirar su casa. «Yo no me muevo de aquí hasta que me den algo», dice Petusa, desafiante.
El Ayuntamiento de Poio anunció hace una semana la inminente demolición de la infravivienda, tras recibir una nuevo auto judicial que obliga a su desmantelamiento. La chabola de Petusa debía haber caído bajo la piqueta en noviembre, igual que la otras diez afectadas por la orden de derribo, pero quedó en pie debido a la dificultad para acometer los trabajos.
Aplazamiento de la orden
«No puede ser que le tiren a uno su casa sin que le den una vivienda. Estoy mal del corazón; he tenido un infarto y tengo que ponerme insulina. Yo no estoy para hoteles. Quiero una casa. Y mientras tanto estoy pagando la contribución, la basura y un montón de gastos», explica Petusa. «Esta casa no la van a tirar. Te lo digo yo» añade.
El alcalde de Poio, Luciano Sobral, ha mostrado su preocupación por la situación que se desatará con el derribo. Incluso ha pedido que la familia vuelva a la calle Portugal. «Volvería -afirma Petusa-, pero no nos van a dejar de insultar y a decir de todo. Somos gente cristiana como todo el mundo».
La gitana agradece el gesto de Sobral. «El alcalde es muy buena persona y mira por nosotros. Pero el juez tiene que ver también que no tenemos a donde ir y nos va a dejar sin casa. Que piense él que haría si no tuviera a donde ir», concluye.