La mayoría de los establecimientos opta por cerrar en este período por la ausencia de universitarios
24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La llegada de los meses de verano supone un alivio para unos y un tormento para otros. Los universitarios suelen salir beneficiados, al ver recompensado, con descanso y tiempo libre, los diez meses que durante el año dedican a sus estudios superiores. Los perjudicados son todos los establecimientos del barrio de As Lagoas, que en julio y agosto pierden a la mayor parte de sus clientes potenciales.
Cafeterías, librerías, tintorerías y otros negocios se ven obligados a cerrar sus puertas durante las semanas en las que la actividad universitaria en el campus decae porque su principal fuente de ingresos «se va de vacaciones», apuntan.
Esta situación hace que a día de hoy el color más habitual de algunas de las vías más cercanas a las facultades, como la calle Benito Vicetto o la avenida Alfonso Rodríguez Castelao, sea el gris metálico de las persianas bajadas a cal y canto. Pero la estampa típica que mejor representa la realidad comercial del campus en verano son los carteles de «cerramos en agosto» que se pueden encontrar, cada veinte metros, colgados en muchas puertas y paredes.
A finales del mes de agosto, muchos de los empresarios afectados volverán de nuevo al trabajo con vistas a los exámenes de septiembre, en el que las ventas serán mejores, ya que serán muchos los estudiantes con los deberes pendientes los que volverán a revitalizar una zona de la ciudad que se desarrolla según los ritmos del calendario universitario.