Aunque en Norteamérica ya supera los 300 millones de dólares (y sigue subiendo?), la opinión generalizada es que Tim Burton ha sucumbido a la tentación del 3D ofrecida por la poderosa Disney. Al contrario del reciente pufo Furia de titanes (adaptada al 3D sobre la marcha), Alicia en el País de las Maravillas nació como proyecto al que se incorporarían las posibilidades abiertas por Avatar, y el público agradeció el esfuerzo al que se suma Burton aportando su particular universo visual, el mismo que lo acredita entre los grandes creadores del cine actual, sobre todo en cuanto al género fantástico. Dicho eso, nadie se sume a la fiesta porque esta va por barrios?
La crítica en general se considera decepcionada con su adaptación de la novela de Lewis Carroll, con un Burton que renuncia a la inquietante segunda lectura del libro, con ocultas pero inteligentes dosis de perversión que Disney (naturalmente) tampoco apadrinaría. De esta manera, junto a una pasmosa dirección artística (lo habitual en la filmografía del autor de Eduardo Manostijeras y Sleepy Hollow) y una fotografía a tono, el 3D propone un espectáculo digno de ver, subrayado con la siempre adecuada banda sonora de Danny Elfman. Realmente, aun manteniendo el copyright en cuanto a diseño de personajes, Burton se deja llevar por el guión de Linda Woolverton y prefiere obedecer los intereses de Disney, más preocupada por fantasías tipo Narnia y derivados que en adaptar a Carroll. Alicia tiene 19 años, corre tras un conejo blanco y va a parar al? País de las Maravillas.