Si en alguno de aquellos años que no recuerdan les hubiesen dicho que con más de 80 tacos iban a seguir haciendo música, y quizás conciertos, es razonable pensar que nos habrían devuelto una mueca de pereza. Pero la verdad es que 62 años después de haber creado la banda, casi todos los Rolling Stones no solo siguen en este mundo, sino que acaban de subir dos nuevos sencillos, In the Stars y Rough and Twisted, como adelanto de su próximo álbum, Foreign Tongues, que se podrá escuchar a partir del 10 de julio.
Gustos musicales al margen, hay algo tan reconfortante en la noticia… Porque mientras los Stones sigan ahí, desafiando las leyes de la química, albergamos la esperanza de nuestra propia inmortalidad. Que unos tipos así, con esas biografías salvajes, tengan la edad de nuestros padres muertos y sigan empuñando sus guitarras es una anomalía tan maravillosa que, descartada la certeza de vida eterna que consuela a los cristianos, depositamos en ellos la responsabilidad de demostrarnos que sí se puede. Si ellos siguen vivos, hay esperanza.
Pero es que a la sensacional longevidad de Mick Jagger se une su solvencia para mantener indicios de su legendario atractivo, incluido ese ritmo que aprendió de Tina Turner y que hace unos años volvió a exhibir en una fiesta de cumpleaños.
Tras anunciar la publicación de su nuevo trabajo, aguardamos ahora la confirmación de algo parecido a una gira, a la que los fans acudirán no para escuchar música, sino para actuar como Santo Tomás y comprobar que la carne de los músicos sigue ahí. Cuando hace tantas décadas Miguel Ríos popularizó en España lo de los viejos roqueros nunca mueren pensamos que era la reivindicación de una forma de entender la música y la vida. Ahora sospechamos que en realidad era una oración y que Jagger se ha propuesto demostrárnoslo.