Es probable que lleves toda tu vida metiendo ciertos alimentos en la nevera y no sepas que así pierden su sabor y su textura. Tres nutricionistas nos explican cómo se debe colocar cada uno de ellos para que conserven mejor sus propiedades. Y nos dan algunas claves para aprovechar mejor el espacio en el interior
17 mar 2026 . Actualizado a las 12:26 h.Comenzando de abajo a arriba, esta es la forma en la que deberíamos ordenar nuestra nevera. En los cajones, las verduras; en el primer estante, que es el más frío, deben ir el pescado y la carne; en el segundo estante o parte media, los huevos, los yogures u otros lácteos como el queso, y, en el estante superior colocaremos los tápers con las sobras. La puerta la dejaremos para el cartón de leche, las salsas y la mantequilla. Por eso, las nutricionistas Ana Golpe, Fátima Branco y Adriana Fernández nos explican la mejor forma de guardarlos y aprovechar el espacio.
¿Fuera o dentro?
El termostato es más importante de lo que creemos. «En general, aprovechamos mal las zonas. Los alimentos crudos hay que separarlos de los ya cocinados y debemos conocer las diferentes temperaturas de la nevera», indica Adriana. Ahora, analicemos cada tipo de alimento y los más frecuentes a la hora de cometer errores con su conservación. Por ejemplo, el tomate siempre va fuera. «Cuando comes uno que está refrigerado, el sabor y el olor es muy diferente a cuando no. Con el frío pierde sabor y la textura está muchísimo más arenosa», indica Ana. Lo mismo ocurre con las cebollas y los ajos. «La humedad de la nevera ablanda la cebolla y favorece el moho. El ajo brota antes y pierde el aroma también. Por eso ves que en casa de las abuelas está la típica ristra de cebollas y ajos de toda la vida», añade. En cuanto al aguacate, las tres nutricionistas coinciden en lo mismo: debe madurar fuera.
Dentro del mundo de la fruta, dejar los plátanos dentro de la nevera es una práctica más habitual de lo que parece. «Las frutas, cuando están más ricas, es cuando las coges directamente del árbol. Si las refrigeramos pierden un poquito ese sabor a fresco. Lo que pasa es que lo hacemos porque cuando vamos a la compra, ya estamos pensando en que será para unos cuantos días y que así no se estropea», indica Fátima. «Es un error muy común, porque pensamos que metiéndolos en la nevera van a aguantar más. Pero el frío les oscurece la piel y frena su maduración natural», explica Ana. Lo mismo ocurre con frutas perecederas como las fresas y las frambuesas. Es mejor comprarlas para comerlas en unas horas o al día siguiente y evitar ponerlas al frío.
Y si los huevos se venden sin refrigerar, ¿por qué lo hacemos al llegar a casa? «Es para que mantengan una temperatura constante», dice Ana. Además, por increíble que parezca, no es recomendable colocarlos en la huevera que ya tiene la nevera. «No se deben poner en la puerta, porque es la zona de mayor temperatura. Es mejor ponerlos en los estantes más fríos», indica Adriana. Por otro lado, y en lo que más insisten las tres nutricionistas, es que hay que tener cuidado con las conservas ya abiertas. Es importante no dejarlas en la lata en la que vienen y pasarlas a un recipiente hermético de cristal.
Cajones hasta los topes
Cuando vayas a colocar la verdura en los cajones, intenta jugar al Tetris. Llenarlo hasta arriba y que no haya ningún hueco está mal. «Tiene que haber espacio para que haya un poquito de oxígeno entre ellas. Si lo llenas a tope, no va a estar igual de refrigerado», apunta Fátima. A lo que Ana añade: «Apiñarlas es muy típico. Los cajones están diseñados para mantener una humedad adecuada y si se colocan todas, puede que se deshidraten antes». Incluso con la nevera en general. «Si está demasiado llena, no circula bien el aire y se puede conservar peor todo», recalca Adriana. ¿Y pasa algo por meter la comida recién hecha directamente al frío? «Al alimento que cocinaste no le pasa nada, pero puedes bajar la temperatura de la nevera», indica Ana. «Cuando cocinamos un alimento, si no lo vamos a comer, es recomendable meterlo en la nevera en las 2 o 3 horas posteriores. Lo que sí conviene evitar es meter grandes cantidades de comida caliente en un recipiente como una olla. Es mejor repartirla en otros más pequeños y bajitos para que se enfríen más rápido y no suba la temperatura de la nevera», concluye Adriana.