Después de ganar una medalla olímpica de bronce en esquí, el noruego Sturla Holm Laegreid aprovechó que los micros lo enfocaban para colocar el habitual discurso de agradecimiento que corresponde cuando alguien consigue algo que otros desean. La atención es hipersensible a la novedad, como todos los guionistas expertos en giros saben, y un sutil cambio en el rictus y en la inflexión vocal de Sturla preparó para la confidencia a los contados espectadores de la especialidad, llamada biatlón y en la que los deportistas combinan esquí de fondo y tiro con rifle. «Hace seis meses conocí al amor de mi vida, la persona más hermosa y amable del mundo. Hace tres meses cometí mi mayor error y la engañé». Si no hubiese sido la confesión sentida de un joven compungido sobre una pista de hielo, podría haber sido el brillante logline de una película, ese resumen preciso y evocador de lo que el espectador va a ver y que debe sugerir, interesar, emocionar, anticipar y resumir. Por ejemplo, el logline de Regreso al futuro fue «un joven es transportado al pasado donde debe reunir a sus padres antes de que él y su futuro dejen de existir» y el de Matrix, «un jáquer descubre que su realidad es una simulación creada por máquinas y se une a la rebelión para liberar a la humanidad». En el logline de la película de Holm Laegreid hay los ingredientes suficientes y necesarios para que queramos saber más, quién es el amor de su vida, cómo de hermosa y amable es, qué pasó hace seis meses, qué paso hace tres y, sobre todo, qué va a pasar ahora. La confesión, proferida además entre lágrimas, sofocado el hombre tras una prueba física de locos y en un entorno de una belleza cinematográfica, es hipnótica porque nos compete a todos, que en algún momento fuimos el esquiador o el amor de su vida. O no. Hay un tercer elemento que redondea la historia, una tercera protagonista a la que no se menciona, está implícita, pero la imaginación se proyecta hacia ella con rapidez en cuanto el bueno de Sturla nos regala su historia. Tras la confesión inicial, girada ya la atención del mundo hacia el noruego, supimos que la persona más hermosa y amable del mundo todavía no ha reaccionado. Sobre él y su contrición se escriben a estas horas mil historias. ¿Y ella, la mujer no nombrada? ¿Qué pensará a estas horas y a cuántos de nosotros representa?