La imagen que ven no corresponde a una película sobre una morgue londinense antes de un bombardeo alemán. Tampoco es el cuarto de baño de un matadero de los años cincuenta por el que hayan pasado varias generaciones de matarifes. No son, siquiera, los aseos de una fábrica soviética próxima a Siberia ni la prueba gráfica de un antiguo frenopático en el que las angustias se zanjaban a manguerazos de agua gélida. Todo eso podría ser el lugar que aparece en la fotografía, pero en realidad es un cuarto de baño del Complexo Hospitalario Universitario de Ourense, muy bien conocido hasta hace poco como CHOU. Deducirán que la instantánea se tomó hace unas cuantas décadas, cuando la sanidad aún no era ni moderna ni universal. Pero no, el retrato fue registrado la semana pasada por la familia de una persona ingresada y el retrete es compartido por los pacientes de dos habitaciones distintas.
Todo en esta imagen es una metáfora, aunque no vean todo lo que se describe. El suelo, sucio; las paredes, agotadas; el radiador, inquietante; las tuberías del gas, decrépitas y las puertas, destartaladas. Completa el bodegón la cuña y las jarras de plástico en las que es imposible no imaginar litros de orina y otros humores.
La fotografía del Hospital Universitario de Ourense es la prueba de la agonía de un sistema en el que conviven la excelencia y lo indecente. Un sistema que aborda trasplantes múltiples de órganos, saca adelante prematuros de 400 gramos y mantiene cronificadas a las personas infectadas con el VIH, y al mismo tiempo somete a los pacientes a esperas de meses, deja de comunicar pruebas oncológicas positivas o desatiende el sistema de atención primaria.
Que una administración sanitaria mantenga abierto un edificio como el de la fotografía dice muchas cosas de la deriva en la que ha entrado la sanidad pública y el desaliento que empieza a cundir entre los profesionales y los pacientes.
En la antigua joya del Estado del bienestar hay trastiendas que parecen una morgue londinense antes de un bombardeo alemán. Una de ellas está en Ourense.