Mara Torres: «Si pudiese volver atrás, hablaría con mi hermana para que me contase qué la hacía sufrir tanto»

VIRGINIA MADRID

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SANDRA ALONSO

En el libro «Recuérdame bailando», Mara hace un homenaje a su hermana pequeña, Eva, que se suicidó cuando tenía 33 años. «El silencio no ayuda. Lo he hecho público por si podemos ayudar a otras familias», apuntó en la presentación en Santiago

10 may 2025 . Actualizado a las 12:41 h.

Mara Torres (Madrid, 1974) alumbra con El faro cada madrugada, desde la Ser, a los insomnes, a los que trabajan, a los que buscan la compañía de su voz y de sus palabras. La periodista y escritora madrileña, arropada por el cariño de sus lectores, presentó en Santiago de Compostela su nueva novela, Recuérdame bailando, un libro delicado y conmovedor en el que rinde un homenaje a su hermana Alicia, que se suicidó hace doce años: «Mi madre y yo reímos y lloramos cuando leímos juntas la historia de Aly. Fue muy bonito», confiesa la autora.

 —La novela comienza con una carta que dejó tu hermana Alicia tras suicidarse (donde termina escribiendo «Recuérdame bailando») en la que os da las gracias por haberla acompañado y haberla querido tanto en vida. ¿Por qué decides escribir esta historia tan íntima y personal? —Mi primer planteamiento fue escribir la historia de mi hermana, pero siempre con seudónimo. No quería firmarla, porque me negaba a exponer tanto a mi familia. Fue una etapa en la que me obsesioné con el tema del suicidio, buscando información, intentando entender las causas que puede haber detrás de este acto y descubrí, para mi sorpresa, que cada año cuatro mil personas deciden quitarse la vida. Me di cuenta de que el silencio no ayuda y que debía hacerlo público por si podía servirles a otras familias que hubiesen pasado también por la misma experiencia que nosotros. Y tras hablar con mi familia, decidimos contar su historia. 

—¿Cómo fue la primera lectura del libro por parte de tu familia?

—Cada año me marcho unos días de vacaciones con mi madre. Dejamos a mi padre y a mi chico y nos vamos juntas a un balneario. Y desde el primer momento, cuando mi hermana nos dejó, todos nosotros, familia, amigos, compañeros, hablamos mucho de ella, de lo que había pasado, sin tabúes, y lo seguimos haciendo hoy. Y mi madre, en aquellas vacaciones, no paraba de hablar: «Si tu hermana hubiese, y si, esto, y si lo otro». ¡Cuánto daño hacen los «y si»! Y recuerdo que subimos a la habitación de darnos los chorros en el circuito termal y decidimos leer el libro juntas. Nos reímos juntas y lloramos juntas. Fue muy bonito y todavía hoy me sigo emocionando recordándolo.

 —¿Cómo gestionaste la pérdida de tu hermana pequeña? ¿En qué te apoyaste para salir adelante y sobrellevar su ausencia?

—Somos un grupo de amigas que cuando lo hemos necesitado, hemos ido al psicólogo con total naturalidad para salir adelante ante la pérdida de una pareja o una crisis. Y la pérdida de Alicia, me coincidió con el estreno del programa de televisión Torres y Reyes. Recuerdo que fui a una psicóloga y en una sesión me dijo: «Mara, estás bien. Eres capaz de gestionar este duelo». Entonces, me refugié en el trabajo, en el día a día. Me sentí muy arropada, como hoy aquí [en la presentación en Santiago], y recibí todo el cariño, el amor y el apoyo de mi pareja, mi familia, mi hermana mayor, Eva, mis amigos, mis compañeros de trabajo... Al final, la vida y el día a día me empujaron a seguir y a la vez fui gestionando mi tristeza y mi dolor.

 —Ahora queda lo compartido y vivido juntas. Las risas, las confidencias, las alegrías. Cuéntanos un recuerdo entrañable con tu hermana Aly.

—¡Uf! Tenemos una foto en Foz, Lugo, en la que estamos las tres hermanas de pequeñas, corriendo superfelices por el espigón y me encanta. Esa imagen me llena de alegría y a la vez me conmueve tantísimo. Hemos sido una familia muy feliz y creo que lo seguimos siendo.

 —Ella era tu hermana pequeña. ¿Tú ejercías de hermana mayor con ella, dándole consejos o regañándola?

—Totalmente. Eva, la mayor, y Aly se llevaban muy bien, eran muy amigas, se entendían genial, tanto que trabajaban juntas, porque las dos eran publicistas. Y yo era la que siempre estaba preocupada por ella. Recuerdo que Aly me decía: «Pero, para, Mara, déjame en paz». [Se echa a reír]. Siempre estaba echándole la bronca, y previniéndola. Ahora me doy cuenta de que no supe entenderla, porque me faltaba información. Pero sí, supe, bueno, todos en casa supimos quererla, tal y como ella nos lo muestra en la carta que nos dejó y aparece en la novela.

 —¿Qué aficiones compartíais juntas?

—Todas. Cuando éramos pequeñas no, porque los cinco años de diferencia que nos llevábamos se notaban. Pero a partir de los 30 tanto Eva, como Aly y yo compartíamos el mismo grupo de amigos. Volví a esquiar por Aly, me iba de conciertos y festivales, porque iba con ella, también compartíamos la ropa, nos intercambiábamos los libros, nos gustaba mucho ir al cine juntas. Estábamos muy unidas, porque vivíamos al lado. Y además, ella en mi faceta literaria era muy importante para mí, porque Aly era mi primera lectora. De hecho, parte de dejar de escribir tiene que ver con esto. Porque recuerdo que yo llegaba a su casa, cuando estaba escribiendo La vida imaginaria, sin saber que luego la presentaría al premio Planeta (y que quedaría finalista en el 2012), y le decía: «A ver, ¿qué te parece esto?». Y yo la observaba mientras leía para comprobar cómo reaccionaba. Mi hermana era una fan absoluta de mis libros.

 —¿Era una lectora crítica o era una lectora comprensiva?

—Era una lectora muy comprensiva y se identificaba mucho con lo que yo escribía. Hasta el punto de que leía los borradores, que es lo peor que puedes leer de una novela, porque está sin corregir, está en bruto. Y ella leía el corregido, y el corregido del corregido después. Era muy comprensiva, ja, ja, ja.

 —¿Qué os distanciaba? ¿En qué no os parecíais en absoluto?

—En que mi hermana Aly era más libre que yo. Se tomaba la vida de otra manera. Vivía con el carpe diem presente, porque no sabes qué sucederá mañana, que ahora tiene otra magnitud. Creo que mi hermana sufría una patología sin diagnosticar, relacionada con la salud mental y vivía en esa ambivalencia de la luz y la oscuridad a la vez.

 —Presentas cada noche en la madrugada de la Ser el programa «El Faro» en el que haces entrevistas en profundidad a personajes de actualidad. ¿Cuál es el faro de tu vida?

—Mis padres, y más tras haber vivido esta tremenda experiencia. Sobre todo, por cómo lo hemos comprendido, cómo lo hemos afrontado. Entender que éramos una familia feliz y lo seguimos siendo, que mi hermana Aly sigue estando presente en nuestras vidas, pero de otra manera. Hemos aprendido y seguimos aprendiendo a vivir con su ausencia y también a tenerla presente cada día, recordando anécdotas con mi sobrino (el hijo de mi hermana mayor, Eva). Porque nos encanta hablar de ella. Nunca lo había contado y me emociono incluso.

 —¿Con qué soñabas de niña?

—Yo soñaba con ser maestra. Recuerdo que de pequeña colocaba a todos mis peluches y muñecos en la habitación y yo jugaba a darles la lección. Y mira, la vida me llevó por otro camino. Nunca se sabe.

 — Si pudieses retroceder en el tiempo…

—Si pudiese volver atrás, me iría sin duda a estar con mi hermana para que me contase qué le pasaba, qué le sucedía y qué era aquello que no nos contaba y qué le hacía sufrir tanto.

 —¿Hacéis algo especial cada 16 de septiembre [el día que se suicidó su hermana] para recordar a Aly?

—En septiembre lo celebramos todo, porque es mi cumpleaños, y los de mi cuñado y mi hermana Eva. Claro que tenemos muy presente esa fecha, pero también el 22 de marzo que era su cumpleaños, fíjate que es casi cuando salió este libro, sin que la editorial supiera nada.

 —¿Cuáles son esos pequeños detalles del día a día que te provocan una sonrisa o te ponen los pelos de punta?

— Yo soy muy emocional para todo. Lloro de la risa y lloro de pena. Y en esta historia sale también esa parte tragicómica que tengo. Puedo estar llorando desconsoladamente y al minuto me estoy partiendo de la risa con cosas cotidianas. De hecho, estoy especialmente emocionada al presentar la novela aquí, en Santiago, porque tengo muy buenos amigos y estoy feliz y muy ilusionada.

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 —En tus entrevistas, preguntas a tus invitados por su mar. ¿Cuál es tu mar?

—Pues mira, yo soy más de montaña. Me gusta mucho el Cantábrico, porque viajamos mucho a Asturias y también me gusta mucho el Atlántico, pero confieso que disfruto más en la montaña. Cuando llego a los Pirineos y veo esos maravillosos abetos, empiezo a sentir una calma fantástica. Entonces, abro las ventanillas del coche, respiro profundamente ese aire tan puro y me lleno de energía. Mi montaña está en el pico más alto de Cerler, en Benasque, donde esparcimos las cenizas de Aly.

 —¿Cómo está hoy Mara Torres?

—Hoy me siento muy tranquila y está siendo un día muy bonito y emocionante, porque hablar de mi hermana me gusta mucho y me hace muy feliz.