Amalia Campos tiene un propósito de Nuevo Año: «Tengo 65 y fui la primera en apuntarme al curso de cocina»

L. Cancela

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Amalia Campos, con su hija, en Pencil and Fork.
Amalia Campos, con su hija, en Pencil and Fork. Marcos Míguez

Dice que ella no busca grandes cambios, sino que tiene «deseos» que va cumpliendo poco a poco

19 ene 2023 . Actualizado a las 09:38 h.

Un propósito es ‘el ánimo o la intención de hacer o de no hacer algo', según define la Real Academia Española. Es ese objetivo que todo hijo de vecino se pone a comienzo de año, o en septiembre, como segunda oportunidad. Pero qué tendrá esta idea que son pocos los que lo cumplen. Algunos los escriben en papel, otros los comparten con su seres queridos y muchos solo los contemplan. Y puede que en esto resida el error. Son varios los candidatos que finalmente no llegan al aprobado en esta materia. Una de las personas que cumplirá con su propósito de año nuevo es Amalia Campos, una leonesa que vive en A Coruña desde 1982.

Con 65 años, decidió que quiere asentar los básicos de la cocina. «Llevo queriendo hacer algo así la tira de años, pero nunca encontraba un curso de cocina que se adaptase bien a mis horarios», cuenta. Lamenta que los que siempre veía eran por la mañana. Al menos, hasta las pasadas Navidades. «Un día por casualidad, fui a tomar un café al local en el que lo imparten, y justo al entrar, vi el anuncio», recuerda. Dudó en hacerlo, pero los ánimos de su hija acabaron por convencerla: «Me dijo que me lo regalase como propósito del año, porque ella sabía que tenía el deseo desde hace mucho tiempo. Y así fue. Yo fui la primera en apuntarme», comenta.

En cuestión de días estará manos a la obra. Está muy esperanzada con los resultados, pues tiene los detalles que llevaba mucho tiempo buscando. «Es un curso corto, con un horario de un día a la semana, y un total de cinco sesiones. Se imparte de ocho y media a diez y media de la noche. Así tengo tiempo de hacer todos mis quehaceres, y después ir al sitio», precisa. La escasa duración fue un punto positivo para ella: «Yo no me planteo propósitos con los que quiera cambiar mi vida, sino que tengo deseos que voy cumpliendo poco a poco. Si me gusta, seguiré con otro. Y si no, ahí se queda, pero por lo menos hice algo», señala. El precio ayudó a la hora de tomar la decisión, no llega a los cien euros. Así que el desembolso, para comenzar, no es elevado. Y, además, bromea, «la persona es de Salamanca, sitio en el que estudié». Como se suele decir, se alinearon todos los astros.

Aprender los básicos

En cualquier caso, apuntarse a este tipo de clases no significa que nunca haya cocinado, «no lo hago ni bien ni mal», aclara. Pero ella quiere aprender algo más. Amalia forma parte de la iniciativa Ortigueira entre Fogones, una comunidad que organiza eventos en los que se imparten clases de cocina a personas del pueblo, «pero ese es otro sistema, aunque a veces también tengamos que aprender», precisa. A ella, desde luego, no le sirve.

Marcos Míguez

El curso en cuestión se divide en cuatro bloques repartidos en el mismo número de semanas. Desde Pencil and Fork, espacio que lo organiza, explican que está centrado en repasar las técnicas culinarias de la cocina tradicional. La primera parte está orientada al correcto manejo de los utensilios, así como a la preparación de ensaladas y aliños de temporada. Con el segundo bloque llega el momento de hablar de los diferentes tipos de técnicas, desde el vapor al baño María. El tercero se centra en la cocina de aprovechamiento, con la preparación de caldos y fondos, y finalmente, en el cuarto bloque, los guisos tradicionales y los estofados serán los protagonistas: «Eso es algo que me gusta porque tengo mucha curiosidad por saber cómo hace los guisos un chef joven, ya que es una preparación a la que recurro mucho», explica. Su profesor será Rubén Martínez Portas, que pasó por restaurantes como Bido (A Coruña) o Piada Romagnola, en Pontevedra.

Amalia se jubila en junio y ya tiene la agenda llena de cosas que hacer. «El año pasado empecé a hacer punto, y ahora quiero ir a un sitio para tomar clases», propone. Aquí la cuestión es no parar, porque también le dedica tiempo al voluntariado. Desde finales de enero a junio del 2024 hará el Camino del Mar, junto a otros voluntarios: «Es un camino que empezaremos en Viveiro hasta llegar a Santiago. Lo hacemos acompañadas de personas con diversidad funcional. Salimos el 29, con una distancia de 12 kilómetros, adaptado a ellos. En mayo llegamos a San Andrés de Teixido, luego lo retomaremos de nuevo en octubre, y ya en junio del 2024 espero completarlo», cuenta. La ruta se reparte en una sesión cada mes. Amalia reconoce que no es capaz de estar quieta, y para muestra, un botón.