Lo indispensable

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

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Kike Rincón | EUROPA PRESS

25 sep 2021 . Actualizado a las 10:07 h.

Tiene usted una hora para decidir qué salva de su casa antes de que el fuego la destruya. Una hora para hacer inventario urgente y someter a sus objetos a un cásting cruel en el que muchos son los convocados y muy pocos los elegidos. Sesenta minutos para determinar qué cosas seguirán con usted y qué cosas desaparecerán para siempre. Las pérdidas son en apariencia materiales pero en una casa, en tu casa, cada objeto tiene su historia. Así han estado los vecinos de La Palma bajo el volcán, en un proceso de clasificación extremo cargado de angustias y dudas en el que es fácil intuir la presión en el cerebro, el disco duro haciendo repaso urgente de lo imprescindible, convencido de que la selección está abocada al fracaso y que atrás quedarán cosas que echarás de menos para siempre. Tu casa no es una superposición de cosas sin vida, una acumulación de piezas que no respiran y que fueron llegando siguiendo un orden matemático; tu casa y tus cosas son una extensión de lo que eres y ocupan un lugar preciso, y no otro. Y cuando el caos invade tu cabeza, el caos invade tu casa y poner orden es el primer paso hacia la calma.

¿Qué se elige en una hora? ¿Qué se salva de la lista infinita de células que construyen el organismo doméstico? ¿Papeles? ¿Ropa? ¿La alianza de la yaya? ¿El primer cuadro de la niña? ¿El aparador que te trajiste de la aldea? ¿Un madero de batea que rescataste de una playa en A Illa? ¿Esa boina que él te compró en un mercadillo? ¿El plato de Duralex en el que tu madre te llevó unas albóndigas? ¿Los libros? ¿Y qué libros? ¿Qué es lo indispensable y cómo se puede administrar su reconocimiento en el rato que dura una hora?

Los arqueólogos son capaces de determinar las hechuras de una civilización perdida a través de los objetos con los que convivían, porque cuando tú te mueras algo de tu casa permanecerá, y en ese algo hay tanta información de tus afectos como en un corazón que ya no palpita. Porque tus cosas tienen una vida que es compatible con su sustancia inanimada. Es muy fácil comprobarlo cuando abres el armario con las chaquetas de tu padre y su olor te invade y te golpea y por un momento eres capaz de conjurar su ausencia.