Estampida verde

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

YES

CGX

21 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La pandemia arrancó con una solemnidad que con los meses se ha escurrido por la alcantarilla para dejar un paisaje agotado en el que las personas deambulamos con la resignación indolente de quien da todo por perdido. El miedo ha dejado paso a una especie de abulia crónica con la que encajamos cada nueva restricción, cada rectificación, cada nota de aforo, de cierre, de apertura, de contagio, de cuarentena, de tercera dosis de vacuna, de para casa a la una. Tras el brote agudo, con toda la adrenalina temerosa que segregamos, empezamos a entender que esto va para largo y que quizás las cosas nunca vuelvan a ser como solían. El peor efecto secundario colectivo de la pandemia es ese gesto descreído que se nos va dibujando en la cara.

Aquellas fotos del mundo vacío y del ejército patrullando el Obradoiro fijaron una foto a la altura del drama en el que nos estrenábamos, un paisaje de una épica dolorosa e impactante con la estética de un buen thriller distópico. Pero año y pico después, aquel Todo Esto de un dolor vibrante y temeroso es hoy un laberinto emocional lleno de recovecos y callejones sin salida.

A esa imagen de dédalo social ha recurrido Casa Grande de Xanceda al construir un ecolaberinto visible desde el cielo en el que invitan al covid a perderse. El ingenio es un maizal transformado con tecnología de agricultura de precisión que los visitantes pueden recorrer para percibir esa sensación de embrollo, ese pálpito inquietante que tan bien transmiten los laberintos, con el que encierra al niño de El resplandor a la cabeza.