Pilar Muñoz (veterinaria): «Si repites nombre y raza es que el duelo no está superado»

Duelo animal. La veterinaria Pilar Muñoz nos ayuda a afrontar la muerte de nuestras mascotas. Un dolor profundo que se sufre en silencio


Mi perro se murió y no quise volver a tener otro. Esa fue mi forma de enfrentarme a un duelo para el que no estaba preparada. «Podemos tener dos respuestas que muestran que el duelo no ha sido superado. Una es comprar un animal de la misma raza y el mismo color al que ponemos el mismo nombre, como si no hubiera pasado nada, para evitar el dolor producido por el fallecimiento del primero. Esto, en mi opinión, no es justo, ni para el que se fue ni para el nuevo miembro de la familia, ya que continuamente se le va a estar comparando con el perro anterior. La otra respuesta, más común, es no tener nunca más otro animal por miedo a volver a sufrir ese dolor. Eso se traduce en un duelo cristalizado que no ha sido bien canalizado. Y por no querer sufrir, la persona se queda sin los beneficios de la compañía animal». Así nos lo explica la veterinaria Pilar Muñoz que ofrece herramientas tanto para acompañar a los animales en su última fase de vida como para poder afrontar su pérdida de forma saludable.

Los que hemos tenido animales en casa sabemos que son una constante fuente de alegría. Ese cachorro que te recibe saltando o el gato que se acurruca en tu regazo con un ronroneo mimoso consiguen en un momento librarnos de la tristeza o la soledad. Cuando mueren, dejan un enorme vacío y, en muchos casos, un dolor insoportable que, además, se lleva en silencio por miedo al juicio de los que, lejos de empatizar, incluso llegan a ridiculizar esos sentimientos alegando que solo es un animal. «Hemos recibido cientos de correos con historias muy emotivas, duelos no resueltos, y muchísima incomprensión. Cada vez hay más personas que sufren este duelo en silencio. No está contemplado en ningún convenio la posibilidad de tomar un día libre tras el fallecimiento de un animal y, sin embargo, hemos conocido a muchísimas personas que están recibiendo terapia psicológica por la pérdida de su compañero de cuatro patas. No podemos seguir escondiendo algo que es evidente y es una realidad en nuestra sociedad», comenta la veterinaria.

En España no existen centros de cuidados paliativos para animales. Hay hospitales enfocados a salvarles la vida, pero no destinados exclusivamente a este tipo de cuidados que tienen como objetivo acompañar al animal y a la familia en esos últimos momentos. La necesidad de dar una respuesta llevó a Pilar Muñoz a organizar una cumbre virtual del duelo animal (que pronto volverá a repetir en vetysana.com) en la que participaron más de 4.500 personas de todo el mundo y 40 expertos veterinarios, terapeutas, coachs y psicólogos. La cumbre pretende dar a conocer las distintas terapias para el alivio del dolor emocional y físico de los animales en su última etapa de vida y de sus familias, a las que se les ayuda a «dejar ir» sin querer retener al animal a toda costa. También persigue hacer entender que la muerte es una etapa más de la vida y difundir que el duelo por un animal existe y que las personas que lo sufren necesitan ser atendidas para superarlo. «Hicimos una encuesta a 1.300 personas y el 37,4 % señalaron que creen que no superarán la muerte de su animal, mientras que el 12,1 % contestaron que sí, pero con ayuda externa. El 40,8 % aseguran que lloran cuando piensan en su animal fallecido, el 36,2 % sienten que su vida está vacía sin él y el 85,5 % los echan de menos enormemente. El 38, 1% se habían sentido incomprendidos tras la muerte de su animal y muchos decidían permanecer en silencio».

EUTANASIA

En los animales, la eutanasia es un recurso muy habitual, pero a veces las personas no están preparadas para esa fase final. «No es lo mismo una muerte natural por vejez, que aunque sea dolorosa es previsible, que tener que decidir eutanasiar a un animal, ya que deja un sabor de culpabilidad tanto en la familia como en el veterinario. Y es que en nuestra sociedad la muerte es entendida como un fracaso. Y en mi opinión, es una fase más de la vida, y es que si todos nos muriéramos de viejos no cabríamos en el planeta», explica la experta.

Desde que Pilar Muñoz empezó a trabajar, hace 15 años, la forma de enfocar la muerte de las mascotas ha cambiado mucho. «Entonces no se escuchaba apenas el concepto de incineración individual. Casi todos los animales era incinerados colectivamente. Hoy en día es cada vez más usual la incineración individual y la recogida de las cenizas del animal. Estamos aún lejos de realizar los mismos procedimientos que con las personas, pero la existencia de cementerios de animales donde la familia pudiera despedirse de su mascota ayudaría a elaborar el proceso de duelo», asegura.

En la actualidad hay más perros que niños menores de 10 años en los hogares españoles y parece que es una tendencia al alza. «Ellos dependen de nosotros como si fueran hijos, de hecho, hay personas que acuñan el término gathijo o perrhijo, pero es interesante entender que identificar a un animal como si fuera un hijo lo que va a producir es un dolor aún mayor cuando este fallezca. Y eso no quiere decir que tengas que amarlo menos porque sea un animal, puede ser tu compañero de vida y amarlo profundamente, pero aceptando que va a vivir menos que nosotros. (La mayoría de los perros son ya geriátricos con 12 o 13 años). El amor es un estado del ser, no creo que sea bueno medirlo ni compararlo. Cada ser es único, ya sea un animal o una persona y los vínculos entre seres son muy variados. Muchas personas confiesan: lloré más la muerte de mi perro que de mi padre. Y esto puede tener muchas explicaciones: que la relación de esa persona con su padre fuera nefasta, o bien que las circunstancias hacen que el dolor de una muerte no pueda ser expresado».

MENOS NIÑOS, MÁS MASCOTAS

Esta joven veterinaria, que además de dos perras y dos gatos tiene dos hijos, sabe de lo que habla cuando explica las dificultades de compaginar la vida laboral y la familiar. «La incorporación de la mujer al trabajo, la escasez de ayudas a la maternidad y la ausencia real de conciliación laboral hacen que la natalidad vaya en disminución en los países más desarrollados. Sin embargo, a todo ser humano le gusta la compañía y la sensación de amar a otro ser, y eso te lo ofrece un animal. Que además no te va a rechazar cuando sea adolescente, sale más barato y lo puedes dejar con alguien o en una residencia si te vas de vacaciones. Esto se traduce en que hay menos niños y más mascotas. Y, aunque sigue habiendo más perros, la tendencia es al aumento de los gatos, ya que al no tener que pasearlos resultan todavía más cómodos».

Los niños también sufren cuando pierden a sus amigos peludos. «Algunos pasan en el duelo las mismas fases que un adulto, pero otros parecen entender la muerte perfectamente y son los adultos los que no comprenden que lo lleven tan bien. Pueden expresar sus emociones a través de dibujos, cartas o con un ritual de despedida como enterrar sus cosas».

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