Tiros a Abril


Se disculpó el martes Victoria Abril después de concentrar todos los tiros de la semana en esa ceremonia indefectible que son los fusilamientos periódicos marca de la época. Es una forma de canalizar la ira mucho más civilizada que la hoguera de contenedores y tan eficaz como las ejecuciones públicas que reunían en la Plaza de la Concordia a los parisinos para cerciorarse de que la cabeza de Robespierre encajaba bien en el cesto tras recibir el corte seco de la guillotina. Unas horas antes, Abril se había despachado con las consabidas bobadas sin perder ese gesto pizpireto que la hace deliciosa en pantalla. Chorradas máximas en prime time que fueron un manjar para quienes detectan a la primera los vuelos bajos, pero eluden o disculpan las grandes maniobras, esas que solo competen a los canallas.

NEGACIONISTAS

La actriz representa ya ese negacionismo de opereta y brilli brilli que acapara la actualidad mientras los que preparan el caldo se van de rositas. Porque los grandes disimulos se despachan muchas veces en las puertas cerradas de los despachos o en las comisiones de secretos oficiales, incluida esa que ampara, por decisión del PSOE y del PP, que ni los historiadores ni los ciudadanos puedan acceder a los archivos del 23 F, un velo tupido que es el mejor combustible para la especulación. Los negacionistas son hijos del sistema, una consecuencia de las grandes mentiras, la de las armas de destrucción masiva en Irak, la de los GAL, la de las montañas cercanas y mina Conchita y hasta la de los huesos del apóstol Santiago que todo el mundo sabe que no reposan en la catedral, lo que no ha sido un impedimento para el mito.

Victoria Abril sucumbió a la confusión que tantas veces desencadenan las fuentes oficiales y que circula libre por las redes sin el control del método profesional que antes se le exigía al periodismo. Se saluda el empeño por desautorizar a la cómica, por desguazar su teoría de la plandemia, que, en realidad, tiene el mismo interés que un tratado de cuántica desarrollado por mi abuela. Pero se extraña un tesón de equivalente intensidad para airear la porquería auténtica, esa que si no se limpia, acaba pudriendo el sistema.

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