El consejero de Murcia

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Iván Urquizar | Europa Press

23 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Consejeros, alcaldes, amiguetes íntimos... La prensa está llena estos días de listillos que han alterado el orden oficial de las cosas y se han enchufado la vacuna contra el covid sin que les tocara. La preocupación hace unas semanas eran los antivacunas, esa nefasta cuadrilla que desprecia una de las herramientas de salud pública más interesantes de todas las que ha sido capaz de desarrollar el ser humano. Pero por arte de magia, los negacionistas se han ido por el sumidero y el escándalo público está centrado ahora en los que se cuelan en una lista cuyo diseño está basado en los principios de solidaridad que nos convierten en una sociedad mejor.

Con los contagios cabalgando sobre nuestra cordura como un caballo desbocado, la vacuna es ahora una mercancía de incalculable valor. A su alrededor, ha emergido ya un entorno de corrupción y delito que a veces se parece al que acompañó a la ley seca. Interpol advertía ya en diciembre sobre falsificaciones y tráfico ilegal de vacunas, hasta el punto de señalar que la pandemia «ya ha dado lugar a una actividad criminal depredadora y oportunista sin precedentes». Son las leyes del capitalismo salvaje aplicadas a esta descomunal crisis sanitaria, la ley de la oferta y la demanda en torno a un remedio que de momento no llega para todos y que hay que administrar bajo unos criterios que no todos están dispuestos a respetar.

En realidad la vacuna ha vuelto a exponernos a nuestra complexión moral, la de cada uno, la de cada país y la del planeta entero. El consejero de salud de Murcia se inyectó la anticovid en un acto de egoísmo mayúsculo, pero el mundo está ahora lleno de consejeros de salud como el de Murcia. La OMS habla ya del «catastrófico fracaso moral» al que se asoma la humanidad y que se sustancia en un dato: en los países pobres solo se han puesto 25 vacunas de los 39 millones de dosis que ya se han inoculado en brazos humanos desde que el remedio salió de los laboratorios.

Hace un año, cuando Todo Esto empezó, hubo quien observó una oportunidad para ser mejores. Pero cada semana que pasa queda más claro que el mundo está lleno de consejeros de salud como el de Murcia.