Vanesa Martín: «En mi casa sigo siendo la Vane, y eso se lo agradeceré siempre a mis padres»

La Vane, como la llaman en casa, es muy amiga de sus amigas, le encanta reírse y viajar. Con ganas de exprimir cada minuto como si fuera el último, nos presenta su nuevo disco, «Siete veces sí», en el que canta su necesidad de vivir. «Cuando menos te lo esperas, la vida te hace pum y te rompe», confiesa


Su día a día está cargado de alegría, ilusión y de mucha música. Disfrutona, apasionada del mar y la naturaleza, tiene su propia receta cuando en su camino aparecen curvas: «No queda otra que esperar a que pase la tormenta y salga de nuevo el sol», confiesa. Radiante y con las emociones a flor de piel, Vanesa Martín (Málaga, 1980) nos presenta Siete veces sí, un álbum que surgió durante el confinamiento y en el que reivindica lo esencial y lo importante: «La vida es fugaz y tenemos que valorar lo que realmente importa».

-Tu nuevo trabajo titulado, «Siete veces sí», llegó de improviso y cambió todos tus planes.

-Pues sí. Mis planes para el 2020 consistían básicamente en descansar, llenarme de experiencias y viajar. Tenía ganas de ir a Puerto Rico, quedarme unos meses en México y escribir y escribir y escribir. Pero al ver cómo se pusieron las cosas en marzo, me fui para Málaga para estar en mi casa y cerquita de los míos. Pensando que iría para unas semanas y fíjate, todo lo que hemos vivido después... Así es que me encerré en casa y, con la emoción a flor de piel y esa incertidumbre, empecé a escribir y a tocar, sin ninguna presión ni pretensión, jugando a ver qué iba saliendo.

-¿A qué te agarraste durante el confinamiento?

-Me ayudó mucho el hecho de pensar en positivo y ver la luz al final del túnel. Eso ha sido esencial para resistir. Y aquí seguimos, con más ganas de vida que nunca.

-Te ha salido un disco muy intimista, con ese toque tan personal que solo logras en los directos.

-Sí. Este álbum tiene mucha intimidad, mucha emoción y misterio, pero además, se percibe esa necesidad de expansión, de libertad y de volar, de exprimir cada minuto como si fuese el último, porque la vida cuando menos te lo esperas te hace pum y te rompe. Todo lo vivido estos meses me ha dejado una huella enorme y ahora tengo necesidad de vivir. Me lo piden mi corazón y mi piel, y eso está plasmado en cada tema de este nuevo proyecto. El anterior trabajo me salió más minimalista y este me ha salido más poderoso, mágico y está lleno de matices.

-Además, descubrimos nuevos estilos, desde country, funky y swing hasta temas para bailar que te llenan de energía y buen rollo.

-Sí. En cada disco voy metiendo estilos y sonidos nuevos, porque, si no, me aburro. No soy nada monótona. Necesito variar, necesito cambios. Es más, casi nunca canto una canción igual, la voy variando, con un matiz, una palabra. Me he dejado llevar por lo que iba saliendo de dentro.

-Dices que necesitas cambios. ¿También llenas tu vida de retos?

-Es curioso, me gustan los retos y ponerme a prueba para crecer y progresar, pero, a la vez, al no ser mi terreno, me siento insegura. Siempre que me he planteado nuevas metas han derivado en proyectos enriquecedores, incluso cuando han surgido dificultades por el camino.

-¿A qué le dices siete veces sí?

-A la música, a subirme a un escenario, a la familia, al amor sin prejuicios y a exprimir la vida minuto a minuto.

-¿Y qué rechazas siete o mil veces?

-Rechazo todo tipo de violencia, las fronteras que se levantan entre las personas para crear distinciones y diferencias y rechazo también el que no haya las mismas oportunidades para todos.

-«Salto mortal» es otro de los temas de este álbum. ¿Has dado muchos saltos mortales en tu vida?

-Alguno que otro. Sin duda, el más loco fue venirme a vivir a Madrid en el 2003 con veintitrés años en busca de mi sueño musical. Otro salto mortal que he dado es adoptar a mis tres perros, porque supone una gran responsabilidad, pero estoy feliz de haberlo hecho.

-En «Despedida y cierre» hablas de las pérdidas. ¿Cómo gestionas la ausencia de los que ya no están?

-Hay momentos personales que te rompen la madera. Como digo en la canción, la pérdida de algún familiar o algún amigo te destrozan por dentro. Sufro mucho con la pérdida, con la ausencia, con ese vacío profundo que te invade cuando alguien a quien quieres se va. Pero hay que tirar adelante.

-Y en esos momentos de tristeza y de dolor, ¿cuáles son tus apoyos?

-Me refugio en mi familia y en mis amigos para que me arropen y busco la luz y la vida para tirar adelante, porque eso que tanto duele también pasará.

-Hablando de emociones, ¿compones mejor triste o feliz?

-Cuando estoy removida, para bien o para mal. Soy muy impulsiva cuando escribo. Veo o me viene de repente una historia en imágenes y la transformo en palabras y le voy poniendo música. De ahí, la necesidad de vivir, de experimentar, de aprender para poder contarlo.

-Te hemos visto en «La Voz Kids» haciendo de jurado. ¿Qué has aprendido de los niños?

-Ha sido una experiencia preciosa, porque son tan entrañables y ponen tantas ganas y tanto entusiasmo sobre el escenario que es admirable. Me quedo con su valentía y su espontaneidad.

-¿Tú te habrías presentado a un programa de este tipo?

-¿Yo? Jamás. Yo de niña era muy pudorosa y tímida, y nunca me habría atrevido. Empecé a cantar en público con quince años.

-¿Soñabas con convertirte en una artista internacional?

-Nunca soñé con tener una carrera como la que tengo hoy, con llegar a grabar siete discos y poder cantar a nivel internacional, contando además con tanto cariño y apoyo de mi público. Es increíble. Sí tenía claro cuando llegué a Madrid que mi sueño era fichar por una multinacional. Todavía recuerdo cuando dedicaba una mañana entera a ir a las compañías y dejar mi maqueta en un sobre en recepción. Cómo ha cambiado mi vida. Es alucinante. Me siento muy agradecida por todo lo conseguido.

-¿Qué queda de esa joven?

-Todo, pero ahora tengo más capas, más experiencias a cuestas, cuento con más herramientas. Fíjate, sigo rodeada del ochenta por ciento de mi entorno, mi gente de siempre. Me parece increíble que ya hayan pasado siete discos.

-¿Echas la vista atrás para recordar todas las dificultades superadas o prefieres siempre mirar adelante?

-Me gusta mirar atrás y recordar mis inicios, aquellos meses en los que compartí piso en Madrid y empecé a cantar en El Búho Real para cinco o seis personas. Esos recuerdos me hacen darme cuenta de que no ha sido un camino fácil y de que a mi lado siempre han estado mis padres, apoyándome, pero jamás me han presionado para que fuera la número uno. Incluso hoy, con una carrera consolidada, sigo siendo una más en

mi casa, soy la Vane y eso se lo agradeceré siempre.

-¿Cambiarías algo de estos años?

-Nada. Haría lo mismo. He disfrutado tanto el camino que valoro cada pasito que he dado, cada progreso logrado y cada dificultad superada, porque todo eso ha hecho que llegue hasta donde estoy hoy. Te diría que siento casi más respeto y responsabilidad por el escenario que cuando empecé.

-¿Y cómo es la Vane?

-Es muy amiga de sus amigas, le encanta reírse, el cine y viajar, aunque también es muy de estar en casa. Le apasiona el mar y el contacto con la naturaleza. Es muy disfrutona de la vida.

-¿Qué no puede faltar en tu día a día?

-La alegría, las ganas y la ilusión y, por supuesto, la música. Y cuando aparecen curvas, pues no queda otra que vivir la tormenta, esperar a que pase y escampe, y a que salga de nuevo el sol.

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Vanesa Martín: «En mi casa sigo siendo la Vane, y eso se lo agradeceré siempre a mis padres»