Verdaderas mentiras


Un vídeo protagonizado por Xabier Fortes hace siete años inundó hace unos días las redes. La circunstancia sería irrelevante si no fuera porque el documento perseguía un fin sin aclarar con qué tipo de armamento batallaba. En el consumo compulsivo y desordenado de información marca de los tiempos mucha gente se tragó el testimonio del periodista pontevedrés sin reparar en un detalle nimio: las declaraciones habían sido hechas hace siete años, cuando vicepresidía el consejo de informativos de TVE y reclamaba desde ese foro la independencia del ente que entonces controlaba el Partido Popular de Rajoy. Aquel discurso de Fortes fue reinyectado en el sistema para que el espectador aplicara sus críticas de hace más de un lustro a la TVE del presente, con el PSOE y Podemos en el gobierno y el compañero dirigiendo los debates matinales del canal público. El juego falaz rechinaba al primer vistazo pero esas interferencias no impidieron que el bulo cabalgara brioso por las redes y que incluso sobreviviera al desmentido público del propio Fortes. La verdad siempre lo tiene difícil para competir con un buen titular.

Lo más perturbador de este caso tiene que ver con la elasticidad infinita de las mentiras. Ni siquiera hay que construir argumentos originales cuya textura sea por esencia falaz. Basta con jugar con las fechas y trasladar al presente una verdad pretérita que suena con los cascabeles de lo auténtico pero cobija una bomba de racimo de trolas que va estallando y dejando víctimas en un campo en el que se libra una batalla esencial. Todo es cierto menos alguna cosa, según la original doctrina rajoyana.

Hay caminos para eludir la intoxicación; el más seguro, el de toda la vida: fuentes/medios fiables y construcción del relato con varios interlocutores respetables que nos concedan los matices que exige una visión de la realidad que aspire a ser sofisticada y leal con las curvas del presente. Pero el bombardeo de bolas con hechuras de times roman tan insistente y refinado que a veces asoma la tentación de abandonar para siempre la realidad y entender solo el presente desde los cuentos. Puestos a consumir literatura, que al menos sea de la buena.

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