Gemma García: «No vi a mi marido hasta un año después de la boda»


La canción de su vida es la de Valió la pena de Marc Anthony. En el 2005 se enamoró de un cubano que conoció en La Habana. De regreso a España, dejó al novio que tenía en Madrid. Tres meses después regresó al Caribe y se casó. Volvió a nuestro país sola y con la intención de legalizar la unión. Se la denegaron diciendo que era «matrimonio de conveniencia». Siguió luchando. Un año después de casarse viajó de nuevo a Cuba para volver a ver a su marido. Regresó de nuevo sola, pero embarazada. «La gente me tomaba por loca. Pero tenía claro que prefería arrepentirme de hacerlo que no de no haberlo hecho», sentencia Gemma García Orosa, de 46 años, natural de Vilalba y residente en A Coruña. Regenta el Café Cantante de la Marina coruñesa, que ahora mismo, como sucede con todos los locales de hostelería, está cerrado. En el 2005 se casó con «el amor de mi vida» tres meses después de conocerlo y estuvo un año sin verlo. En el 2010 celebró el enlace por todo lo alto con los amigos y la familia en el Pazo de San Fernando. Hace poco viajaron a París para conmemorar el 15 aniversario de su boda con Reinaldo, al que en su casa llaman Fito. Tienen dos hijos de 13 y 6 años. «Valió la pena», insiste Gemma, una mujer tan expresiva como tenaz que no soporta ver escrito su nombre con n y m.

AQUELLA SONRISA

Estos días de confinamiento dan para volver a ver fotos antiguas. Por ejemplo, la de aquella surrealista boda del 2005. «Yo trabajaba de higienista dental y tenía novio-ingeniero en Madrid. Llevábamos cuatro años y pensaba irme a vivir con él en mayo. Era el novio que todo el mundo quiere para su hija. En febrero, mi hermano Arturo y Anabel, una compañera de trabajo de los centros de belleza Loida, decidieron irse a Cuba y les pregunté si podía ir con ellos», recuerda. Fueron a casa de unos familiares de Anabel residentes en La Habana y el que abrió la puerta fue Fito. «Con una sonrisa que no olvidaré en mi vida. Recuerdo el nacimiento de mis hijos y esa sonrisa. Tres días después ya estábamos saliendo. Tuve novio en Cuba y en España al mismo tiempo». El viaje se acabó y llegó el momento de volver a casa. En la isla se quedaba «el amor de mi vida», y en Madrid le esperaba su pareja. «Mira, Alberto, conocí a otra persona. No sé lo que va a pasar con él, pero contigo no voy a seguir», le dijo horas después de aterrizar en Barajas. «Se portó como un caballero», asegura. Una vez resuelto este problema, le quedaban otros muchos obstáculos por superar. Su nueva historia de amor no había hecho nada más que comenzar.

CARTAS A FRAGA Y A ROUCO

Gemma recuerda que por aquel entonces había muchas noticias de cubanos que salían con mujeres mayores. «Fui a hablar con un abogado y me dijo que había tres opciones: matrimonio, propuesta de trabajo o carta de invitación, pero que las estaban denegando porque estaban en el punto de mira», relata. Como les contaba al principio, el 11 de mayo se casó en La Habana y la luna de miel fue un calvario de papeleos. «Intenté legalizarlo todo en la embajada, pero nada. En noviembre nos denegaron el matrimonio. Me quería morir. Me gasté 6.000 euros en llamadas de teléfono, que entonces era carísimo llamar a Cuba. Como soy de Vilalba, les mandé cartas a Fraga y a Rouco Varela, también a Moratinos y hasta al rey. Les mandaba incluso la foto de la boda. Un año y medio después de haberse casado y embarazada de su primer hijo, logró legalizar su situación. Cuando Fito iba a embarcar en La Habana, una avería en el avión retrasó un poco más el viaje. «Nos pasó de todo, pero como dice la canción, Valió la pena».

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