A los Cayos Cochinos


En esta nueva dimensión en la que un día entró la política tarde o temprano tenía que pasar. Cristina Cifuentes participará en un reality de Telecinco o, al menos, lo negocia. Todo empezó aquel día en el que Pedro Sánchez llamó al Sálvame. O puede que empezase antes, en concreto el día de la boda de Ana Aznar en el Escorial, el primer reality show de la democracia española, hasta entonces mucho más centrada en las bancadas del Congreso que en los púlpitos de las iglesias y de las televisiones.

Después, en el año 2003, la empresa Sigma 3 encargó una encuesta que determinó que en caso de presentarse a unas elecciones, Belén Esteban sería la tercera fuerza solo por detrás del PP y del PSOE, aunque es verdad que entonces el podio estaba menos disputado y la lista de participantes era mínima. Y ahí está el nuevo vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, el primero parido por la tele en una clara y carnal sublimación de la sentencia de McLuhan, el medio es el mensaje.

Sabido es también que Trump saltó a la Casa Blanca desde The Apprentice, un concurso que elegía tiburones para dirigir empresas de la corporación del presidente que hoy pastorea América desde el Twitter con el aplomo déspota de un mal realizador.

A todos estos referentes puede que esté acudiendo la expresidenta de la Comunidad de Madrid mientras se prueba el bikini que le envió Vasile. La política y los políticos se han convertido en el mejor espectáculo del mundo, y es sencillo pronosticar grandes audiencias en la legislatura que amanece. Mientras el show bussiness tradicional, con sus actores, actrices y rodajes, avanza hacia un lugar aburrido en el que todo el mundo madruga y cumple a rajatabla con su trabajo, los partidos políticos y los parlamentos son un jolgorio con guiones cruzados que avanzan de manera imprevisible y magníficos personajazos principales y, sobre todo, secundarios. Si quieren mandanga no vayan al cátering de una filmación, sino a esa cafetería mítica de las Cortes que es como las Vegas, porque lo que en ella sucede se queda en ella.

En realidad es justo recordar que Cristina Cifuentes lleva un tiempo ensayando con las cámaras. Fue de hecho una toma con aspecto de falsa pero que resultó ser cierta la que condenó a la política al ostracismo institucional, dicen que por fuego amigo, que es el menos amigo de todos los fuegos. Aquellas cámaras de seguridad del supermercado y aquel almacén desangelado no recogieron el mejor perfil de Cifuentes, que ahora podrá salir por la tele bien iluminada, con las velvets dirigidas hacia ella y el lado chungo protegido, lo cual es una ventaja que ofrecen los tiempos. Ya puestos, para las siguientes elecciones que se vayan todos a los Cayos Cochinos. Y elegimos presidente a través de una app. Al tiempo.

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