De profesión, hater

Dime cuánto odias y te diré cómo eres. Las redes son la zona de confort de los que solo buscan criticar y destruir. Los psicólogos nos cuentan cómo es la personalidad de quienes se esconden tras este perfil de «odiador»

Lo que expresamos de los demás dice más de uno mismo que de quien hablamos, y parece que es cierto. Así lo corroboran varios psicólogos que consideran que los haters (del inglés hate, ‘odio’) son personas que utilizan las redes para desahogar sus frustraciones y debilidades, pero ¿por qué?

INSEGUROS Y NARCISISTAS

«En mi opinión es gente insegura que se siente más fuerte detrás de una pantalla. En muchos casos lo que sienten es envidia y la reflejan de esa manera porque en el cara a cara su falta de valentía no se lo permite», explica la psicóloga Maite Lage. Tanto ella como su colega Alicia Peralejo coinciden en que muchos de ellos comparten un perfil narcisista. «En un mundo en el que a través de las redes en unos segundos podemos emitir todo tipo de información a millones de personas, muchas veces no es tan importante que los mensajes sean negativos o positivos, sino que lleguen a muchos, es cuestión de márketing. En este tipo de personas destacarían perfiles narcisistas, que buscan que se hable de ellos sin importar si bien o mal, el caso es ser famoso. Esto se está visibilizando en algunos casos de influencers o youtubers, que les vale todo para destacar», aclara Peralejo, que matiza: «Psicológicamente no existe un perfil exclusivo en los haters. Hay personas que tienen patologías mentales y otras que no. Dentro de los que las presentan puede haber gente antisocial, que su vida y sus ideas se basan en ir en contra de las normas establecidas, y otros casos más graves con personas que pueden tener delirios determinados hacia individuos concretos, partidos políticos, u otro grupo con ideologías diferentes a las suyas».

Para los especialistas, las redes sociales son caldo de cultivo de estas personas. «Estas plataformas favorecen la presencia de haters, ya que permiten su uso de forma anónima», indica Maite Lage, que aclara que estos perfiles usan estas herramientas al revés. «El objetivo de las redes es favorecer la comunicación, unir a la gente, pero ellos las usan de forma inversa». De acuerdo con Alicia Peralejo, cada vez es más frecuente encontrar gente cuyo objetivo básico es destruir. «Pensamos y actuamos como somos, este tipo de personas no son diferentes en su vida diaria. Lo que ocurre es que las redes les dan más visibilidad», explica. Al poder emitir mucha información en un corto plazo a millones de individuos a la vez «el daño que se puede hacer es muy importante», avisa Peralejo. Tanto que Maite Lage considera que necesitan terapia.

«Es gente con un trastorno de personalidad. La propia palabra hater lo explica, son odiadores y su fin es hacer daño. Es complicado que busquen ayuda porque no son conscientes del problema, pero cuando su odio se dirige a una persona concreta, lo que están haciendo es acoso». Por eso Peralejo tiene claro que «hablar de haters es hablar también de violencia» y en caso de ser objetivo de uno recomienda «hacer capturas de pantalla, bloquear e incluso en algunas ocasiones denunciar». Además, la psicóloga incide en que para usar las redes hay una serie de normas, siendo la básica muy simple: «No hagas en las redes sociales aquello que no harías en la vida real».

El ataque de los «haters»

Tamara Montero

Más claro agua. Si «hate» es odiar en inglés, «hater» es el que odia. Muy fuerte. A muchas cosas. Desde todas las redes sociales. Sin compasión. Pero habitualmente con gracia

El otro día me salió un hater. Uno que me odia en Internet. Sin conocerme. Un hater es... como una espinilla. De esto sé un montón. Mi adolescencia me dio un máster y dos doctorados sobre espinillas. Sobre haters, como creo que solo tengo uno... Pues no mucho. Bueno, eso. Un hater es como una espinilla. Sale un día. Sin más. Dudas. Es pequeña. Casi imperceptible. Durante un rato haces como que no la ves. Ni a la espinilla ni al hater. Dices... solo es un comentario. Solo es un puntito pequeño. Pero en tu interior empiezas a preguntarte ¿por qué a mí? ¿Por qué, por qué, por qué? Piensas en el último texto que has escrito, en la crema que usas para la cara, en si te estarás echando bien el tónico, en que tendrías que haber titulado de forma diferente. Piensas que lo has hecho mal. Piensas, piensas, piensas. Y mientras piensas, la cosa crece. Puede que solo aumente un poco. Algo de inflamación, un par de comentarios negativos en Facebook. O puede que alcance dimensiones épicas. Puede que aparezcan blogs enteros, que se enquiste, que la infección se haga resistente a los antibióticos, que haya memes con tu foto recorriendo la Red despellejándote sin piedad. Peor. ¡Puede que se reproduzca, que salgan más! «Muchas veces, igual que las fobias, son contagiosos», dice el psicólogo Manuel Lage. A más gérmenes en el ambiente, más espinillas. Más odio en el entorno, haters alimentados con esteroides.

Seguir leyendo

Votación
0 votos
Comentarios

De profesión, hater