El azar movió mi vida

LA FUERZA DEL DESTINO es más que una canción. Le llamas casualidad, pero sientes que sucede por una razón. Alegría Fisterra nació en medio del desastre del «Prestige». Ángel y Andrea se encontraron gracias a un mensaje en el buzón equivocado. Entra y verás qué suerte.

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En los tiempos del Facebook, el amor puede surgir en un clic. Y ese clic, de pura casualidad. Eso es lo que les pasó a Andrea y Ángel, coruñesa y majorero que se conocieron hace seis años a través de la red social. Aunque fue por puro azar. «Sin querer, le mandé una petición de amistad. Creía que era otra persona», desvela ella. Pero esa petición no pasó inadvertida para el de Fuerteventura: «Cuando vi sus fotos me llamó la atención. Al entrar en su perfil, me di cuenta de que era exactamente mi tipo de chica y pensé: La voy a aceptar ¡y no se me puede escapar!», confiesa.

«Él se interesó en saber algo más de mí. Como pasaron dos meses y de vez en cuando me mandaba algún mensaje, le contesté», cuenta ella. «Recuerdo que lo único que hacíamos era bromear con que se había equivocado al enviar una petición a un auténtico desconocido. Yo le decía que, según Facebook, se veía obligada a ser mi amiga, pero ella me ponía los pies en la tierra asegurándome que estaba buscando a otra persona y que todo había sido un error», añade él. Y así empezó una relación de amistad que, más tarde, se convirtió en amor. Pero, eso sí, bastante más tarde.

PRIMER CARA A CARA

«Después de seguir hablando durante dos años seguidos, cada uno empezó al mismo tiempo una relación, así que tuvimos que dejar el contacto por respeto a las otras personas», recuerda Andrea. Admiten que les «fastidiaba» no poder hablar porque en sus conversaciones descubrían que tenían «más cosas en común que la red social» y podían pasar horas hablando, «desde la mañana hasta la noche».

«El caso es que yo lo dejé con mi anterior pareja y al mes siguiente ya era Navidad. El día 24 de diciembre recibo un correo electrónico en mi trabajo: era Ángel. Se acordaba de dónde trabajaba y envió un correo dirigido a mí. Me quería felicitar las Navidades», explica la gallega. Y así fue como, por fin, decidieron dar el paso de conocerse en persona. «Nos vimos en Madrid. Yo estaba súper nerviosa, de infarto, se notaban las ganas que teníamos de vernos». El canario también estaba «de los nervios». «Pero pasó todo muy rápido porque me sentí muy cómodo desde el primer momento en que la vi», aclara.

Lejos de decepcionarles, ese encuentro avivó aún más la chispa y no tardaron en saber que sentían algo más que amistad. «Nos fuimos dando cuenta de que queríamos cada vez más. Pero cuando le vi saliendo en el metro de Madrid por primera vez y me cogió en brazos ya me lo dejó del todo claro», dice Andrea. «No sabría decir cuándo surgió el amor, solo que noté la sensación de que, sin buscarlo, había encontrado lo que nunca había tenido en mi vida», cuenta él.

«COSA DEL DESTINO»

Solo había un obstáculo: Andrea trabajaba en A Coruña y Ángel estaba terminando Farmacia en Madrid. «Tras dos años de amistad y otros dos de relación a distancia, necesitábamos un cambio. Él lo tenía claro y, como era yo la que podía moverme, aun teniendo que encontrar trabajo en Madrid, decidí arriesgarme», explica ella. Cuando surgió la oportunidad de irse a vivir juntos, les pareció «la mejor opción». «Teníamos una relación muy sana y poco a poco hemos ido dando los pasos naturales para que la situación se diera favorablemente», explica Ángel.

Más que una relación fruto del azar, el canario cree que era cosa del destino que sus caminos se cruzasen. «No me imaginaría nada sin ella». Andrea, por su parte, dice no tener ni idea de qué sería de su vida. «Puede que estuviera trabajando en A Coruña o en alguna parte del mundo. Pero no mejor que como estoy ahora». No es mudo el amor...

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Elena Ramiro: «Era policía en Finlandia cuando lo dejé todo para venir con mi marido y trabajar de mariscadora en Vilalonga»

Si uno se acerca a Vilalonga (Sanxenxo) y pregunta por la finlandesa, rápidamente le indicarán cómo encontrar a Elena. El amor le trajo de Helsinki en los años 70 con tan solo 22 primaveras. Dejó su trabajo de policía para coger el capazo y lanzarse al mar como mariscadora. Después de treinta años en el mar, hace dos que está jubilada. Todo empezó cuando conoció a su marido, que andaba embarcado en buques alemanes, en una discoteca de Finlandia. «Era un chico tan guapo, moreno de ojos negros... Allí todo el mundo es rubio», relata Elena, que dice que todos le advertían de que no se fiase, porque «los marineros tenían una en cada puerto». Pero ella se fio. «Nos casamos en el 74 y me trajo a Vilalonga, pero por aquel entonces esto era el tercer mundo. Volvimos a Finlandia un tiempo, hasta que nació mi hijo y regresamos a Galicia».

Le quedaron grabados los inviernos de aquí. «Había que poner la vela, y era horrible, temblaba. Yo que pensaba que en España siempre hacía calor...», cuenta. Después de trabajar algún tiempo en un hotel en condiciones precarias, se echó al mar. «Fui con mi suegra. Yo al principio era tan torpe... en Finlandia no había marisco, no sabía lo que era. ¡Así cómo iba a cogerlo! Hasta que un día cogí un caldero de berberechos. Además allí conocí a gente, porque al principio no sabía hablar bien, ¡y yo falo como una cotorra!», dice empezando el chapurreo. Elena se acostumbró muy rápido a este carácter latino. «Finlandia es muy cerrada, no se miran. Son tan tranquiliños... Ahora mi madre, cuando la llamo, me dice: ‘¿Por qué berras tanto?’. Y yo le digo: ‘¡Pero si no estoy berrando!’».

También se habituó a las comilonas. «Cuando llegué era rubia como o demo, fraquiña e branca como a neve. Pensaban que estaba enferma. Y aquí, que coméis tanto, me empezaron a decir: ¡Come, come! Cuando comí y engordé, me dijeron: ¡Ai, como engordaches! Y yo les contestaba: ‘¡Arrea que nunca estou ben para vós!», dice entre carcajadas. Hoy, superado el trance, disfruta aquí de su hijo, su nuera y sus tres nietos. Y tiene muy claro que a Finlandia solo vuelve de visita. «Me quedo cos galegos. Mi marido a veces se arrepiente de haber venido, pero yo ahora no voy allí ni aunque me maten», sentencia esta luchadora que solo tiene buenas palabras para el hombre por el que lo dejó todo: «No me quejo. É un home marabilloso e guapísimo». La apuesta fue fuerte. Porque además de a su tierra y a su familia, Elena dejó a un novio muy cabreado en Helsinki. «El amor nunca se sabe dónde para. Mi padre era moreno, y yo siempre le decía: ‘Cuando me case no me caso sin un hombre que tenga los ojos negros como los tuyos’. Y me lo fui a encontrar. Aunque también decía: ‘Nunca casaré con un marinero, ni con un labrador, ni con un albañil. Y lo cogí con las tres cosas juntas», vuelve a reír. Ya retirada, ahora Elena disfruta de su familia. Solo le preocupa una cosa: Puigdemont. «É unha vergoña!», se queja. La finlandesa ya es más gallega que yo.

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Xandre y Dani: «Mi hermano y yo nacimos el mismo día»

Los dos vieron el mundo el mismo día. Los dos llegaron un 21 de mayo con ocho años de diferencia. El pequeño, Xandre, fue echando cuerpo y alcanzó al maestro, Dani. Lo de llamar maestro al mayor tiene argumento, Dani es campeón de España de Pesca. «Y él no lo dice, ¡lo digo yo!», suelta Xandre con la bizarría del benjamín. ¿Quién no sacaría pecho por su hermano mayor? Los padres de los Fernández Pidal tuvieron puntería, sus chicos llegaron los dos un 21 de mayo de forma natural, sin plan de parto, con ocho años en medio y un hermano mediano para no aburrir la espera. Dani y Xandre, Xandre y Dani, están entre Tauro y Géminis (Xandre pasa de los astros, mientras Dani, dice, tira más a Tauro). Y se parecen, sí, se parecen, admiten los dos, aunque sus aficiones sean diferentes. Dani es de pesca, Xandre de fútbol; eso sí, los dos coinciden en la cerveza. Soplan las velas juntos desde niños, «¡y en la misma tarta!». Siempre la misma: la de chocolate y galletas llamada de la abuela, en este caso de su madre (quédate con las ganas, que su receta tiene un secreto que no desvelan). «Yo me parezco más a mi padre, y Dani más a mi madre... nos somos más Fernández y otros más Pidal», equidistante Xandre. Hay para todos.

Dignos hijos de Monte Alto ?un barrio no, ¡un mundo con una Torre por testigo!?, los dos están muy fuertes en humor y conexión, y han ido bastante a la par en la vida. Los dos suspendían «las de chapar», han llegado a trabajar juntos, se casaron con dos chicas que eran vecinas y tuvieron el primer hijo casi-casi a la edad (Xandre a los 28, Dani a los 29).

Me voy con una anécdota de Xandre: «En mi clase, en Maristas, tenía un compañero que nació el mismo día que yo y tenía un hermano que también había nacido el mismo día». Se ve que el 21 de mayo es un día padre. Yo me voy, me meto en el coche, pongo la radio y suena «Esa extraña melodía que algunos llaman destino y otros prefieren llamar casualidad».

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Isabel Casanova: «Un accidente hizo que me dedicase a la moda»

«Si la vida te da un revés, tú tienes que ponerla del derecho». Y eso hizo Isabel Casanova, una joven natural de Ferrol con casa en A Coruña a quien el azar le cambió la vida en el 2010. «Estudié Turismo y quería llegar a lo más alto en el mundo de los hoteles. Con 26 años tenía una vida de locos. Estaba en la dirección de un hotel en Sanxenxo, decidida con mi carrera y mi vocación», dice. Cosas del destino, un sábado que debería estar librando decidió ir a trabajar. Y al salir ocurrió lo que nadie se espera: un coche se saltó un stop y se llevó por delante el coche de Isabel. En un principio parecía un accidente sin mucha importancia, pero el toque le dejó secuelas neurológicas que le impidieron volver a trabajar. «Estuve un año y medio en cama sin poder moverme», recuerda. «Tomaba 17 pastillas al día y no tenía ganas de nada».

Isabel buscó una salida y la encontró donde nunca pensó que la encontraría: en la moda. «¡Si ni siquiera me gustaba ir de compras!», recuerda ahora con una sonrisa. Se cargó de energía y abrió un blog que llegó a los tres millones de visitas: «Me sirvió como terapia y me ayudó muchísimo a seguir adelante». Pero su empeño por mejorar no se quedó ahí y en el 2014 su vida dio un giro radical. Cosas del azar, o de la fuerza de voluntad de Isabel. «Decidí aparcar el blog, cerrarlo. Hablé con mi hermano pequeño, que en ese momento no tenía trabajo, y montamos Aluet. Y lo que en principio iba a ser una tienda online pequeña de compra y venta de ropa se nos fue de las manos…», relata. Isabel empezó a incorporar prendas propias que le pedía a una modista que le confeccionase, y estas se agotaban nada más subirlas a la web. Entre ellas, una falda de tul en homenaje a la protagonista de Sexo en Nueva York. «Vienen en avión solo para probarse la falda, es algo increíble, nunca pensé que llegaría a pasar algo así», afirma. Ahora Isabel es dueña de Aluèt: «Aporto mi idea, mi esencia y doy trabajo. Tengo contratada a una diseñadora, modistas, patronistas y costureras… Tengo un equipo muy bueno y me hace muy feliz. Yo que creía que me iba a dedicar siempre al turismo y acabé teniendo mi propia marca de ropa». Pero su historia no termina aquí. Porque el azar también quiso que encontrase el amor en el 2014, fruto de una casualidad. «A mi marido, Pablo, también le cambió la vida ese año. Después de ver cómo su sueño de guionista se truncaba en Madrid, volvió a su casa de Lugo. Él había sido tenista y no le gustaba el pádel. Pero alguien lo animó a venir a A Coruña a probarlo. Se enganchó y me conoció a mí, de hecho nos hemos casado este verano. Se vino a vivir conmigo y ahora se gana la vida con el pádel», señala. La voz de Isabel transmite buenas vibraciones. Está feliz: «A veces los dos lo comentamos, cómo nos cambió la vida. Pero no cambiamos esto por nada». 

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Soledad Méndez: «Alegría Fisterra naceu no desastre»

Charlar con Sole es una descarga de energía. Dicharachera, se recrea en los detalles. Imposible borrar cómo hace quince años una decisión le cambió la vida. Porque sí, están a punto de cumplirse quince años de la tragedia del Prestige y del día en el que buscaba información para saber qué estaba pasando a 700 kilómetros de su tierra, Cáceres. «Tiven a sorte de ter amigos que me contaban de primeira man o que sucedía», responde Sole en perfecto gallego, «máis que galego é fisterrán». Así, sabiendo que el chapapote empezaba a invadir Galicia, empezó su viaje. «Non podía seguir na casa. Apunteime nunha lista de voluntarios da Xunta, pero ninguén me chamaba». Sole tenía 29 años y regentaba una casa rural en la Sierra de Gata. Decidida, se puso al volante de su Renault Express, acondicionada para lo que hiciese falta. «Sempre amei a natureza, pero cando vin a aquela xente axudando, vestida de branco, parecía un accidente nuclear». ¿El plan inicial?: quince días. Pero se convirtieron en 15 años. Su primera y breve parada fue Ferrol; después siguió hacia Corrubedo, donde se topó con la realidad. «Que impresión ao sentir aquel cheiro tan forte do fuel», recuerda. Su siguiente objetivo era la «zona cero», Muxía. Pero de nuevo la casualidad la encontró y se unió a un grupo que iba un poco más lejos. «Fomos a Fisterra. Non sabía que estaba a tomar a mellor decisión da miña vida», se ríe. «Cando vin O Rostro… parecía que había unha autoestrada na praia». Sole aún no sabía que había encontrado su hogar. «Tentei marchar, pero sempre pasaba algo. Todo me valía de escusa para quedar».

LA ONU DA COSTA DA MORTE

El plan de 15 días de limpieza se convirtió en 5 meses. Tiempo en el que fue una más de un grupo de voluntarios conocidos como «la ONU». «Eramos de todos os países. Había un gran vínculo. E despois os veciños de Fisterra non puideron ser mellores: convidábanche a comer, a licor café, a todo. Era moito». Sole también encontró el amor con otro voluntario, pero el momento de volver a Cáceres llegó. El dinero se había acabado. «Marchei en marzo, pero en Semana Santa xa estaba de volta». Sole estaba embarazada: «A miña nena vai cumprir 14 anos. Medrou no desastre. Fun a limpar embarazada e metíame ata a cintura». Una valentía que se acabó cuando el resto de voluntarios se enteraron de su estado. «E eu que dicía que non ía ter fillos...», confiesa. Pero el destino pudo más y dio a luz a la niña con el nombre más conocido de la Costa da Morte: Alegría Fisterra. «Alegría era un berro de guerra. Cando nos retirabamos decaídos porque o fuel seguía chegando, un día un veciño díxonos: pase o que pase, aleghría!», lo dice con gheada. El segundo nombre, Fisterra, se lo puso porque le encantaba. «Ninguén se chama así!». Ahora adolescente, Alegría Fisterra es consciente de que «é a nena que chegou na desgraza». A ella se unió hace 10 años Lume Amaro, su hermano. «E non, non foi pola vaga de lumes do 2006...», insiste riendo. A punto de aniversario del Prestige, esta ya casi más gallega que extremeña, no se arrepiente. «Marcou a miña vida. Ata traballei no mar». ¿Qué le pide al futuro? «Emprego estable e conciliar aquí. Os meus nenos son de Fisterra!». Lo celebramos con una Alegría única.

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