Nosotros somos adultescentes

La Voz SANDRA FAGINAS/TANIA TABOADA/ANA ABELENDA/PATRICIA GARCÍA

YES

ANA GARCIA

LA CHISPA NO TIENE EDAD ¡Yo también quiero cumplir años así!, en cascada emocional. Cuatro «jóvenes» se quitan las comillas y nos dan el elixir de la eterna juventud. Bebe sin miedo esta vez.

27 ago 2024 . Actualizado a las 11:22 h.

A mí, qué quieren que les diga, lo primero que me provocan es una enorme envidia. Rozar los 60 y volver a sentirte como unos chavales, con las mismas ganas de salir, de viajar, de hacer cosas, de estar con los amigos, de cogerte de la mano con tu pareja. Esa es la verdadera adultescencia, una etapa de la vida de la que no nos habían hablado antes, pero que en YES hemos confirmado. Si no miren a Doris y Joaquín con la cascada de Ézaro, donde viven, al fondo. ¿Hay algo más que explicar? Ella tiene 57 y él 60. Están casados desde hace 37 años, tienen dos hijos de 36 y 29, y por el momento no les han llegado los nietos, así que su horizonte se dibuja feliz, a pesar de que ahora Doris cuida de su madre enferma. Pero si le preguntamos cómo es su agenda los dientes se nos ponen largos. «De lunes a jueves -dice Doris- voy a zumba, a clases de step, a natación, a manualidades, a gimnasia de mantenimiento; el viernes lo dejo libre porque el fin de semana es sagrado. Cuando mi marido sale de trabajar, los viernes de noche nos tomamos unas cañitas, que por aquí por el Ézaro se está muy bien, luego los sábados al mediodía salimos de vinos, de noche a cenar por ahí, a veces a Cee, a Corcubión, a Muxía..., y el domingo otra vez al mediodía a picotear. Eso los días normales». ¡Toma normalidad! Porque lo que dicen Doris y Joaquín es que cuando no están en rutina (y atención a qué rutina) entonces se escapan dos días a Sanxenxo, a A Toxa, se van a Coruña... y cuando pueden hacen un viaje más largo. Ella se fue con sus amigas a la Expo de Lisboa y a Londres, y con él a París y a Venecia, aunque están esperando a que él se prejubile en diciembre para poder sacarle aún más jugo a su tiempo libre. 

Dos meses al calorcito

«A mí -cuenta Joaquín- me haría ilusión pasar dos meses en invierno en el sur cuando podamos, y tal vez alguna temporada en A Coruña para estar en primavera en Ézaro». A su lado, Doris asiente y pone toda la garra en mostrarse con un espíritu joven. «Tenemos la ilusión del tiempo que tengamos disfrutarlo al máximo, mientras el cuerpo responda». ¿Y la pareja? ¿Es mejor ahora? «Sí, sí, totalmente», se lanza ella. «Es mucho mejor, cuando estás criando discutes mucho más, la educación conlleva enfrentamientos, peleas, en esta etapa no tienes esa responsabilidad y recuperas otra parte. De todas maneras nosotros estuvimos siempre juntos, aunque cada uno con su espacio». Lo que yo decía. ¿No se mueren de envidia? Ojalá lleguemos allí para saborear la bendita adultescencia.

CARLOS CASTRO

Miluca Real tiene 65 años y no deja para mañana lo que puede hacer hoy. Esta lucense, recién jubilada, siempre siguió a rajatabla esta cita: «La vida es lo que va sucediendo mientras haces planes para el futuro». Así que desde siempre vive al máximo cada etapa porque considera que cada una que pasa no vuelve.

 La vida en directo

Ahora que está liberada de la carga laboral aprovecha todavía más para disfrutar de sus hobbies. «Tras cerrar el negocio fui a Canarias, Benidorm, Tarragona, Ibiza y Formentera», explica Miluca, quien en este último viaje alquiló una moto de agua y disfrutó como una adolescente en las playas de Baleares. Además de viajera, es una auténtica aficionada a los conciertos. Tanto es así que asiste a todos los que puede. Entre el directo que le apasiona, la música y bailar no tiene parada. Le gustan las actuaciones de todo tipo y es por ello que ya ha marcado en el calendario sus próximas asistencias. Irá a A Coruña para ver a Sergio Dalma y a Madrid para ver a Malú o Plácido Domingo. ¡Sí! Esta recién jubilada se apunta a todos los conciertos que puede y si no tiene compañía va sola, incluso si el concierto es en una ciudad lejana. Uno de los conciertos que espera ansiosa es el de Cyndi Lauper en el mes de julio, en Italia. Entre las aficiones de Miluca también se encuentra el gimnasio y la playa. Lo pasa pipa en las clases de aeróbic, step y zumba. Entre coreografía y coreografía disfruta al máximo. «Yo vivo haciendo lo que me gusta, sin hacer daño a nadie y sin mirar mi edad», relata. Miluca explica que vivir siempre estuvo entre sus prioridades, por lo que siempre lo hizo. La única diferencia es que ahora, como está jubilada, selecciona menos y aprovecha más.

 

Como mujer de tierra, volátil pero de tierra que soy, no estaba yo preparada para un adultescente así. Es terrible, joven como las olas, mordacidad que sopla por el sur. Este argentino europeo ha cruzado el Atlántico. Solo: «No quería compartirlo. Me lo debía, se lo debía al niño de 12 años que lo soñó», asegura Chalo Cruz. Hoy vive a lomos de su «corcel», el Clinamen, su barco-hogar en medio del mar. La vuelta al mundo en su vida se cuenta por unidad: «Yo no creo en los sueños, sino en hacerlos reales. Y en mis planes entran tres vueltas al mundo», dice quien lleva la adultescencia en los genes, pues de madre le viene esta energía a prueba de tormentas: «Mi madre fue mi primera maestra espiritual», admite. Su aventura da vértigo solo de contarla (o seré yo, incapaz de subirme al Pequod de Melville). Pero ya él lo cuenta como lo vive, o a la inversa, con esa intimidad de hechos y palabras que se quieren de verdad: «La unión entre un capitán y su barco es más fuerte que la de una pareja», amarra. Nos «recibe» en el Caribe, en la isla Marie Galante. Con música y 30 grados a la sombra de una cerveza Gwada. Suena bien: «Vivo como quiero. Me siento mucho más yo en el mar que en la tierra», dice este capitán de su destino. ¿Da más miedo la tierra con su gente y sus rutinas? «La verdad que sí. Pero yo en el mar me he ido haciendo mis rutinas. El hombre es así, animal rutinario».

 «Viajar te deja sin palabras y te convierte en un narrador de historias», comparte en redes y en su blog (www.clinamen.es) este sureño que a los 20 años llegó a Europa con su deseo como una linternita en la mochila. Recaló en Madrid, vivió una historia más o menos común: conoció a una mujer, se casó, tuvo tres hijos y pasó 20 años en un pueblecito del norte de Francia. Sin perder de vista el Norte de su vida: cruzar el Charco. Infinito viajar. Verbo, motor para este hombre que, en cada viaje, dice, no deja de volver al sueño de aquel niño de 12 años... que tiene ya para siempre ¡42!

MARCOS MÍGUEZ

Toda una vida dedicada a su familia y a la costura. Trabajando de día y de noche. Preocupándose de todos. Hasta que dijo: «Ahora es mi momento». María del Carmen Lema, Mari para unos Carmen para otros, es un ejemplo de que los sueños no tienen edad. La adultescencia de esta vecina de A Coruña, por la que corre sangre de O Roncudo, se exprime sin descanso. «Hay mucha gente que piensa que a partir de los 50 no hay nada más que hacer y que todo va en retroceso, pero nada más lejos de la realidad», asegura Carmen. «Un día, casi sin darte cuenta, dejas de hacerle falta a tus hijos porque ya son mayores y, en ese momento, empieza una vida nueva, distinta». Para esta coruñesa de 60 años todo empezó con un simple gesto: sacar el carné de conducir. «Era algo que siempre quise hacer, pero no me atrevía. ¡Y lo conseguí! Ahora ya no necesito a nadie, ¡voy con mi coche a todas partes!», cuenta con un orgullo de carné.

Solo fue el primer paso de muchos otros cambios en su vida. Sacó su lista de asignaturas pendientes y empezó a tachar deseos cumplidos. ¿Aprender a nadar? ¡Hecho! «Voy todas las semanas a nadar con mi nieta». ¿Volver a estudiar? Cumplido. «Preparé y aprobé el Celga y un obrador de auxiliar de enfermería. Ahora estoy preparando las oposiciones para celador. ¡Me encanta estudiar!», cuenta Carmen. Se maneja en las redes sociales y con el ordenador. Y también cuida de sus nietos. «Me hacen muy feliz», comparte con YES.

Una de las oportunidades que le ha dado la experiencia es inculcar a los demás su maestría con la aguja. «Desde hace dos años doy clases de costura en una asociación de amas de casa y me siento muy realizada». Reconoce que la nueva vida le dio seguridad y ganas de comerse el mundo. También de viajar, si puede ser, a Nueva York. «Lo que más me gusta de ser adulto es que tienes las ideas claras y ya no te importa lo que dirán los demás». Solo hay una asignatura que, por ahora, se le resiste: «Lo único que me falta es aprender a bailar bailes latinos, pero ¡lo voy a conseguir!», sonríe. La vida manda.