Los libros también curan

LA BIBLIOTERAPIA TE LO DEMUESTRA. Si no sanan, ayudan al menos a sentirse mejor. Según un estudio, quienes más leen son más propensos a decir que su salud es buena y que están satisfechos con la vida. Si el hábito es tan bueno, ¿existe un libro para cada mal? YES dice sí. Hay lecturas que se prescriben. Sigue leyendo...


Y tú ¿por qué lees? Las respuestas serán tan variadas como los lectores a los que se les pregunte. Algunos dirán que por entretenerse, otros que por aprender, otros que para sentir cosas y meterse en la piel de todos esos personajes tan diversos. Unos cuantos dirán que es una cuestión de bienestar: leer hace feliz, aunque lo que tengas entre las manos sea una novela dramática con final desgarrador, un ensayo sobre lo mal que va el mundo o poemas claramente escritos cuando el autor estaba deprimido.

La ciencia da la razón a los lectores que afirman que la literatura tiene un papel importante en su felicidad. Según un estudio realizado por la firma canadiense Hill Strategies hace unos años, los lectores habituales son más propensos a decir que su salud es buena o excelente (54% frente al 44% de los no lectores) y a asegurar que se sienten muy satisfechos con la vida (61% frente al 57%), entre otras cosas. Si leer repercute tanto sobre nuestra (buena) salud mental, ¿es posible desarrollar un sistema que permita recomendar libros para situaciones determinadas? Eso es precisamente lo que intenta la biblioterapia.

Celia Fernández Martín, psicóloga clínica en el servicio público de Sanidad de Castilla y León (Sacyl), cuenta que a ella le gusta definir la biblioterapia como «un modo especial de relacionarse con un libro, por el cual la persona que lee encuentra reflejado en él algo que le permite ver una parte de sí mismo que le ayuda a cambiar», lo que impulsa a mejorar «algún aspecto de su vida».

Son ya bastantes los hospitales que han realizado «experiencias lectoras», utilizando los libros para paliar el malestar humano: en algunos centros sanitarios del Reino Unido se prescriben libros desde principios del 2000 y también se hace en países como Suecia o Canadá. En España ha habido también unas cuantas experiencias -incluido el proyecto Literapia en Hospital Clínico de Santiago-, la mayoría centradas en bibliotecas hospitalarias.

JANE AUSTEN EN LA GUERRA

Pero la biblioterapia no funciona solo para casos de enfermedad determinados, sino que su uso puede además ampliarse a nuestra vida diaria. «Leer muchas novelas te puede dar mecanismos para gestionar situaciones y sentimientos», asegura Cris Domínguez, una de las responsables del blog de libros Librópatas.com. «Has visto a mucha gente pasar por cosas parecidas y eso te da una experiencia que alguien que no lee no tiene», afirma.

Raquel Pico, la otra mitad de Librópatas, explica que leer te ayuda a «conectar con los problemas de otra gente», además de abrir una ventana a «mundos más pacíficos e idílicos» en situaciones de estrés emocional. «No es que el libro te vaya a curar -puntualiza- pero sí te hace sentir mejor».

Aunque la idea principal de la biblioterapia es ofrecer a una persona determinada un libro determinado para una situación tras mucho hablar y conocerse paciente y biblioterapeuta, para que un libro ayude no siempre es necesario encontrar esa conexión y comprensión o sentirse identificado. A veces, la simple evasión de una realidad complicada es suficiente. Raquel cuenta que cuando hace unos años tuvo que ser hospitalizada devoró la saga Crepúsculo, que le ayudó a que las horas pasaran más rápido en un momento en el que se sentía débil y enferma (insiste en que en su vida no había vampiros ni hombres lobo que hicieran que se identificase con ese texto en particular).

«Leer es para todo el mundo una ventana abierta a una realidad diferente de la propia», explica Celia Fernández Martín. «Nos relaja, nos abre la mente, nos evade, nos emociona, nos cuestiona, nos interpela, nos informa, nos complementa y nos permite disfrutar».

El libro que te salve en un momento determinado puede ser el más inesperado. Al igual que Raquel encontró ese refugio en Crepúsculo, los soldados de la Primera Guerra Mundial con neurosis de guerra leían a Jane Austen en las trincheras como antídoto para problemas mentales. El mundo tranquilo libre de conflictos bélicos de las novelas de Austen ayudaba a los soldados a olvidar las bombas que los rodeaban, al menos durante un rato.

LLEGA EL BIBLIOTERAPEUTA

Los biblioterapeutas, psicólogos con un amplio conocimiento literario o expertos en literatura que sepan mucho de psicología, son todavía escasos en España, aunque en Internet empiezan a surgir iniciativas que buscan ofrecer un sistema similar a los usuarios. Las autoras de The Novel Cure, un manual que ofrece lecturas para males tan variados como el miedo a la muerte o ser treintañero, tienen un consultorio online en su web y ofrecen sesiones de biblioterapia por 100 libras en The School of Life. Acaba de nacer también Biblio.life, otra iniciativa biblioterapeuta en la que, tras rellenar un cuestionario, los usuarios son emparejados con un experto que les ayuda a escoger libro.

Cervantes decía que «en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia». La biblioterapia lo que quiere es ayudarte a llegar a esa frase una y otra vez.

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