El Chanel de las gominolas

Victoria Toro

YES

CEDIDA

SABORES DE LUJO Sugarfina, en la esquina suroeste de Central Park en Nueva York, es la boutique de los caramelos, ahora extendida por Estados Unidos. La única tan exclusiva y enfocada a los adultos. Aquí puedes tomar chuches de champán, de cubalibre o de cerveza.

16 abr 2016 . Actualizado a las 11:18 h.

Sugarfina es una boutique, pero una boutique muy original porque lo que se vende en ella son gominolas y algunos otros dulces exquisitos. Sugarfina es también la idea de una pareja, Rosie O?Neill y Josh Resnick. En el año 2010, O?Neill y Resnick se conocieron en el portal de citas Match.com. La tercera vez que quedaron fueron al cine a ver Charlie y la fábrica de chocolate. Tras la película la pareja se hizo una pregunta: «¿Por qué no hay tiendas de caramelos para adultos?». La respuesta llegó pocos años después y es Sugarfina.

Rosie O?Neill y Josh Resnick decidieron crear una boutique exclusiva a la manera en la que lo son las joyerías más caras o las tiendas de ropa y complementos de lujo. Cuando entras en una Sugarfina, lo primero que llama la atención es la exquisita decoración en tonos blanco y turquesa. Todo es perfecto, la iluminación, la colocación de las pequeñas cajitas llenas de dulces, las dependientas. Exactamente igual que ocurre en las tiendas de lujo, nada más entrar una dependienta se te acerca y te pregunta con abrumadora cortesía si puede ayudarte en algo. Y si pasa a explicarte lo que son las exquisiteces dulces que hay ante ti lo hace como lo haría si estuviera hablando de cualquier objeto de lujo, en voz baja va enumerando los sabores: champán es el más original y, al parecer, el más demandado, pero también hay cubalibre o cerveza, mango, frambuesa, manzana? y no cualquier mango, frambuesa o manzana, no. Los sabores de Sugarfina han sido cuidadosamente elegidos para ser perfectos.

Pero es que todo es perfecto allí. Hasta los turistas que entran a hacer fotos lo hacen con reverencia. Y los envases, las bolsas, los lazos? todo está cuidado al detalle.

En contra de lo que podría pensarse, los precios no son prohibitivos. O no lo son la mayoría. Por siete u ocho dólares (seis o siete euros) puedes llevarte una cajita llena de delicias. Y ese precio si estás en Nueva York no es ninguna barbaridad porque las gominolas normales y corrientes que venden en las tiendas pensadas para niños tienen un precio solo un poco más bajo. Claro que también puede uno darse un capricho carísimo si en vez de unas gominolas normales lo que se lleva es, por ejemplo, caramelos de una serie limitada de Dom Perignon. En ese caso sí hay que desembolsar cien dólares (87 euros).

Victoria Toro

Por el momento, O?Neill y Resnick solo han abierto una decena de boutiques Sugarfina en Estados Unidos desde la primera en California que abrió sus puertas hace tres años hasta la última que ha sido la de Nueva York, en el Time Warner Center, en la esquina suroeste de Central Park, pero su intención es extenderse por todo el mundo. La pareja cree que ha dado con la tienda definitiva de dulces para adultos y piensa difundirla por el planeta. Mientras esas boutiques llegan a otros países, Sugarfina vende también online alguna de las 125 variedades de caramelos exquisitos que tiene en su catálogo.

Ese catálogo se compone de gominolas, pequeños dulces de chocolate y confites y regalices. Todo en ellos, los sabores, los colores, los aromas, los envases? son perfectos.

Victoria Toro

Aunque hasta ahora solo cuenta con esa decena de exclusivas tiendas, el negocio va viento en popa. Para entenderlo solo hay que conocer los antecedentes de esta pareja. Que se les ocurriera adaptar un concepto infantil, una tienda de caramelos, para un público adulto parece tener que ver mucho con lo que eran sus trabajos antes de comenzar con este proyecto. Rosie O´Neill es experta en márketing pero no en cualquier sector. Antes de dejar su trabajo para dedicarse exclusivamente a su negocio, O´Neill trabajaba en el departamento de márketing de Mattel, exactamente en la división que se encarga de la muñeca Barbie. El trabajo de Resnick también tenía mucho que ver con el mundo infantil y juvenil porque él era diseñador de videojuegos.

De esa mezcla de mundos infantil y adulto en el que ambos vivían salió la inspiración para la creación de un negocio nuevo. Un negocio, además, que no existía antes de que ellos lo inventaran. Pero antes de lanzarlo, O´Neill y Resnick decidieron aprender de lo que ya existía y por eso viajaron por medio mundo para probar dulces, sabores que desconocían, productos que no existían en California o formas de trabajar los caramelos que para ellos eran nuevas. Aprendieron y eligieron y hoy, en su catálogo, cuentan con sabores llegados de otros países, sobre todo de Alemania y los países escandinavos.