Eso no se hace

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE V TELEVISIÓN

YES

Ni su oferta musical ni su complexión artística hacen de Alejandro Sanz un referente, pero su reacción en un concierto en México lo han aproximado a las personas que se esfuerzan por hacer las cosas bien. A estas alturas sabrán de qué se trata, pues ninguna de las últimas propuestas del cantante habían conseguido el eco de un gesto que tiene el valor de lo espontáneo. Sanz interrumpió el recital al percatarse de que una persona del público golpeaba a la mujer que lo acompañaba. Lo llamativo del ademán es la persistente indignación del cantante y la resolución con la que consigue que el tipo abandone el espectáculo con el bochorno de ser señalado por cientos de personas. No hay mejor resumen para la violencia machista que la frase con la que Alejandro Sanz despide al maltratador: eso no se hace.

Porque ahí está la clave de una de las realidades más inquietantes de nuestra sociedad, una de las violencias más inexplicables de todas cuantas somos capaces de infligirnos unos seres humanos a otros: eso no se hace. Hay en la recriminación de Sanz una reminiscencia pedagógica que la identifica con los padres que reconvienen a un hijo que, por inmadurez, se salta normas básicas: niño, eso no se coge; niña, eso no se come; hombre, eso no se hace, como si en el maltrato masculino hubiese algo infantil e inevitable fruto de la inmadurez existencial de muchos hombres.

Lo más desalentador del gesto de Sanz es la repercusión que ha tenido. Sigue siendo noticia que una persona intervenga en un acto de violencia machista. Hace unas semanas, en una encuesta callejera de V Televisión, un par de señores seguían considerando una cuestión íntima que un tipo abofeteara a su pareja en la calle,  algo que no incumbía al resto de los mortales.

Nunca se había teorizado tanto sobre este fracaso colectivo y nunca habíamos estado tan lejos de determinar por qué sucede. Efectivamente hay muchas causas que confluyen, pero cada muerte sigue despertando un desconcierto íntimo. Sociedades avanzadas y civilizadas, mujeres inteligentes y autónomas, señoras afectivamente arropadas siguen sucumbiendo a ese déficit de autoestima letal que padecen muchos hombres y que se manifiesta de formas tan diversas. El asesinato es la consumación de ese fracaso pero cada minuto, cada día, en este instante muchas mujeres, algunas de su entorno, están siendo despreciadas y golpeadas, se producen abusos de poder, repartos desiguales del trabajo y un sinfín de conductas imposibles de entender en una sociedad comme il faut. Por eso el gesto de Alejandro Sanz ha sido importante.