No había que ser muy perspicaz para detectar la novedad. Podían ser las dos de la madrugada y en aquel bar de Manhattan había varias mujeres que rondaban los cincuenta y que estaban solas. Era fácil deducir que no había ningún misterio en aquella situación; todo era normal y previsible, pero algo había diferente a los ojos de una mujer joven acostumbrada al paisaje nocturno español. Lo extraño era, precisamente, que hubiese mujeres maduras disfrutando en solitario de una noche de copas. Podía ser el año 95 y, tras analizar a fondo el paisaje, brotaba la conclusión: una situación así era impensable en un mundo que en algunos aspectos solo empezaba a desperezarse. Aquellas cincuentonas de Manhattan habían vivido su juventud en una sociedad democrática, que encadenaba revoluciones, incluida la feminista. Mientras, en Galicia, las mujeres que en los años sesenta tenían veinte años seguían siendo una extensión articulada de sus maridos y de la casa para cuyo cuidado habían sido instruidas. Así que treinta años después era imposible que un viernes por la noche se lanzaran a las calles, solas, para que ver qué ocurría en ese territorio inesperado que suele ser la noche.
Pensé en esas mujeres estos días al ver a Annie Leibovitz fotografiando a Patti Smith. La fotógrafa ha realizado el último calendario Pirelli y la cantante es una de las señoras elegidas para ilustrar este poderoso artefacto publicitario que está siendo vendido como el de las «mujeres reales» sin photoshop. Smith comparte meses con Yoko Ono, la humorista Amy Schumer o la tenista Serena Williams, presencias poderosas que sublima el dedo mágico de Leibovitz. Hay una imagen del proceso en el que la compañera de Susan Sontag abraza a la desgarbada madrina del punk, un instante mágico que es imposible que no paralice a quien admira la dignidad, la clase y el revolucionario sentido de la vida que representan estas dos mujeres, nacida la segunda en 1946 y en 1949 la primera. Y este es el punto de atención. Los setenta años de la autora de Because the night; los 64 de la retratista invitan a reflexionar sobre las oportunidades que tuvieron en la sociedad en la que fueron jóvenes y el mundo al que debieron adaptarse nuestras madres y nuestras abuelas, un lugar ceniciento en el que cualquier exploración vital que se saliera de la norma se pagaba con dureza.
Podemos imaginar a Patti Smith con Mappelthorpe en el Hotel Chelsea a finales de los años sesenta, viajar con ella hasta el CBGB, averiguar por qué compuso People have the power y comprender qué le estaba pasando mientras tanto a las mujeres de su generación en este lugar del mundo.