LE ECHAN EL OJO AL MÓVIL Con la excusa de que solo cumple una función o para evitar los agobios del segundero, muchos prefieren no usar reloj, pero son puntuales.
26 sep 2015 . Actualizado a las 05:40 h.Se les ha caído de la muñeca, pero siguen siendo puntuales. Solo hay que echar un vistazo alrededor para ver qué les pasa a los chicos y chicas con el reloj del pulsera. ¿Es una manía? ¿Una tendencia? ¿Un impulso contrarreloj? Hay de todo.
El reloj de pulsera no nació por casualidad: fueron los pilotos de avión a comienzos del siglo XX los que ataron a su muñeca su reloj de bolsillo. ¿La razón? Así calculaban rumbos y distancias en ausencia de la tecnología actual de navegación. Sin embargo, décadas más tarde, para muchos, y sobre todo para las generaciones más jóvenes, este complemento ha abandonado su lugar. Al escritor Ken Robinson le explicó muy bien las razones su propia hija: es un dispositivo cuya única función es dar la hora.
Por esto, y a la espera de la llegada masiva de relojes inteligentes, muchos han cambiado el tradicional por el móvil. Como las tres chicas de la foto: Andrea, María y Laura. «No llevo reloj porque no lo necesito, miro la hora en el móvil. Dejé de llevarlo cuando tuve el primer móvil», explica Laura Arias que, a falta de teléfono, mira la hora en el ordenador, en el microondas o, cuando está en la calle, preguntando a alguien. También hay quien la mira en los parquímetros o en las farmacias, como confiesa que hace Andrea Fernández cuando se queda sin batería. «Si no existiese el móvil, llevaría un reloj, pero guardado en el bolso», asegura Andrea, a la que, además, no le gusta llevar nada en las muñecas. Otros, aunque siguen luciendo reloj, admiten que se trata de un mero complemento. Y van más allá puesto que, aunque lo luzcan, siguen mirando la hora en su smartphone. «Tenía uno de adorno que no tenía números y nunca sabía qué hora era, así que miraba el móvil», cuenta Vanesa. Pero más allá, para muchos es un símbolo de agobio que los persigue informándole a cada minuto de la hora. Una servidora, por ejemplo, abandonó este complemento para evitar su dictadura en los exámenes. Vamos, que me obsesionaba mirando la hora.
«Vivimos demasiado pendientes del reloj, la prisa nos invade a todos, y eso no es bueno. Es difícil abstraerse porque el reloj lo domina todo», expone la psicóloga Dori Pena. Ni que lo diga, pero ¡que no llevemos reloj de pulsera no significa que no miremos la hora ni el móvil constantemente!
HAY QUE DESCONECTAR
Por eso esta experta, que reconoce que es indispensable estar atento a la hora para afrontar compromisos sociales, como llegar puntual al trabajo o a clase, recomienda desconectar . «Experimentar el espacio atemporal nos aporta mucho. Nos ayuda a digerir mejor el día a día y a dar un tiempo de descanso al cerebro», asegura Dori. Eso sí, ni reloj de pulsera, ni móvil, ni nada, puesto que el objetivo es no ser esclavos de la hora. Y, ojo, también ocurre en la otra cara de la moneda: existen muchas personas que no pueden salir de casa sin su reloj. Siempre hay de todo. Y los relojes, para muchos, seguirán siendo indispensables. Y eso que, como dijo Michael Ende, «el verdadero tiempo no se puede medir por el reloj o el calendario».