«¡Aquí se trata de sobrevivir!»

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Chus Lago, Rocío García y Verónica Romero relatan su aventura en el casquete polar de Barnes

07 abr 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Son las dos de la tarde en Vigo. El día está primaveral y la gente se echa a la calle en masa para disfrutar de un sol del que Chus Lago, Verónica Romero y Rocío García Orta, a 4.600 kilómetros, no tienen ni la más mínima noticia. Las tres expedicionarias, tres valientes sin remisión, se encuentran en plena expedición por el casquete polar de Barnes, el segundo lugar más inhóspito de la tierra. Al otro lado del teléfono explican con voz clara y alegre que acaban de desayunar y se encuentran recogiendo los bártulos para afrontar un nuevo día en su caminata helada por la isla de Baffin. Su particular llamada de atención sobre el calentamiento global y un ejercicio de supervivencia no apto para cobardes.

«Estamos a punto de recoger y muy contentas. Estamos llevándolo bien, llevamos un ritmo muy mantenido y ya vamos a cambiar de mapa, digamos. Lo tenemos dividido en dos y ya vamos a por la otra zona», explica la capitana de la expedición, una Chus Lago bregada en mil batallas y que está encantada con sus compañeras de fatiga. El horizonte helado de Barnes les dio la bienvenida con temperaturas extremas, de alrededor de los 30 grados bajo cero, que las pusieron a prueba desde el primer minuto, lo mismo que la gripe que se ha ido cebando con ellas poco a poco y hasta la tormenta helada que las acechó la noche del lunes.

«El cielo está casi siempre encapotado, con entre un 80 y un 100 % de nubes. En algún momento tuvimos lo que se llama Whiteout, que es que no eres capaz de distinguir el suelo del cielo, desaparecen los contrastes y vas más incómodo. Y hace unas noches tuvimos una tormenta y la nieve está como espolvoreada, hay mucha nieve blanda y el miércoles costó muchísimo», enumera Lago. Que a renglón seguido añade con energía que «¡pero estamos muy contentas!».

A base de recorrer distancias medias de 10 kilómetros por jornada, Verónica, Rocío y Chus ya han alcanzado prácticamente la parte más alta del recorrido. «Nos ha salido muy bien porque esperábamos que fuese un poco más complicado encontrar el inicio del sitio. Íbamos hacia un lago llamado Nivalis, pero nos pareció que por un lado estaba mejor, hacia el sur. Me colé por ahí y dimos con la subida perfecta», detalla Chus Lago.

La gripe inoportuna

Adentrarse en medio del hielo y la nieve es una tarea titánica, pero si se le añade un virus gripal de por medio, la exigencia se vuelve extrema, y eso les ha sucedido a las polaristas. «Está siendo duro físicamente. Chus pasó la gripe en la moto de nieve y aún la arrastra, yo la he cogido de lleno aquí y Rocío está empezando con garganta y tal», cuenta Verónica. «Digamos que físicamente nos ha pillado un poquillo flojas, pero vamos mejorando y recuperándonos». El apartado psicológico, sin embargo, está a pleno rendimiento. «Mentalmente todas venimos fortísimas», sostiene la expedicionaria. «¡Aquí se trata de sobrevivir, pero a esto venimos!. Es un reto y estamos muy contentas de ir pasando cada hora». Cada metro es un paso de gigante.