Patrimonio de la ría

El transporte entre Vigo y O Morrazo comenzó con galeones que tardaban dos horas


Vigo / La Voz

Un día de estos, pero de 1850, Vigo La línea 1 del metro de Budapest es Patrimonio de la Humanidad. También lo es el tranvía de San Petersburgo. Mientras que el de San Francisco tiene la más alta consideración en Estados Unidos: Hito Histórico Nacional. Así que no sería descabellado dar alguna figura de protección patrimonial al medio de transporte más original de Galicia. Algo realmente único en España, sólo comparable a un barquito turístico que aún funciona en la bahía de Cádiz. Hablo de los vapores de la ría de Vigo. Y, como siempre, tenemos un tesoro delante de nuestras narices y no sabemos verlo.

El transporte de ría, con su estación marítima propia junto al Náutico, es algo muy valioso. Y no sólo porque quedase para la historia en la película ‘Los lunes al sol’, de Fernando León de Aranoa. Sino porque se trata de un antiquísimo servicio que sigue funcionando hoy en día. Que tiene pasajeros reales y no sólo turistas. Y que, en las últimas semanas, se ha convertido de nuevo en la gran vía de comunicación entre Vigo y la península do Morrazo, mientras duran las obras del corredor.

Los barcos que enlazan Vigo, Cangas y Moaña, además de mover millón y medio de pasajeros cada año, forman parte también de la cultura de nuestra ría. Y no terminamos de entender que son algo impresionante. Algo único. Algo valioso. Un pequeño tesoro que tenemos que conservar y promover. Algo que asombra a cualquier turista que descubre que, por 2,20 euros, puede darse un paseo de media hora en barco hasta Cangas por una ría vigilada por la estampa de las islas Cíes que es todo un espectáculo. Por desgracia, los aborígenes lo ignoramos. Es marca de la casa.

Ya en el siglo XVIII el tráfico de pasajeros era tan importante en la ría de Vigo que se dictaron órdenes para un “control no mar ós navíos e barcas con xente, por se fosen armados”. Lo recoge Bernardo Máiz en su libro As embarcacións de pasaxe nas rías galegas. En el siglo XIX, el transporte se hacía en lentos galeones a vela, que llegan a invertir hasta dos horas en viajar desde Cangas a Vigo. Pero iban siempre llenos de gentes del Morrazo que venían a la ciudad a trabajar o a vender productos agrícolas.

Los galeones operaron hasta comienzos del siglo XX. Los últimos de los que se tienen noticia fueron el Rosal y el Muiñeiro, que enlazaban con Moaña. Y fue hace poco más de un siglo, en la década de 1910, cuando aparecieron los vapores. Los primeros fueron el yate Cantabria, que iba a Cangas, y el Alegría, para Moaña. Con sus ruidosas calderas de carbón y sus humeantes chimeneas tardaban casi una hora en completar el trayecto. Más tarde, surgió la competencia. En Moaña, apareció una nueva compañía, que fletó los vapores Delirio y Senén.

Y Amador Montenegro cuenta en un libro de memorias que se desató una guerra del transporte entre compañías: «El precio de los billetes llegó a anularse, y la compañía que ya existía llegó a dar gratuitamente chocolate a todos los viajeros que llegaban a Moaña, con lo que el que había montado la competencia abandonó». Finalmente, apareció la empresa que tendría el monopolio durante décadas: Vapores de Pasaje. Era una compañía moderna, con accionistas, que rápidamente se hizo con el servicio. Hubo incluso una ruta circular que hacía el recorrido Meira-O Con-Cangas-Vigo. Más tarde, se creó la Comercial Marítima de Transportes. Pero la gran competencia para Vapores de Pasaje llegó en los años 60 del siglo pasado, con Marítima Viguesa y sus lanchas rápidas que podían hacer el servicio hasta en un cuarto de hora. Embarcaciones como la Guapa y Villa de Bueu se hicieron populares, aunque todos reconocían que parecían peligrosas. En 1978, un accidente que costó la vida a una niña hizo que todos volviesen a Vapores.

Recuperado el monopolio, en el último cuarto del siglo XX se popularizó el servicio a Cíes, con barcos muy recordados como el Catamarán o el Illas Ficas. Construido en 1968 en Asturias, el Illas Ficas fue el emblema de la modernidad, con sus 500 plazas de pasaje. El buque se llamaba en realidad Illas Sicas, la antigua denominación de las Cíes. Pero el encargado del registro se equivocó y puso una «f» donde debía haber una «s». El último presidente de Vapores, Rodrigo Freire, nunca olvidaba la anécdota.

Tras Vapores de Pasaje, se instaló Mar de Ons, la principal que opera en la actualidad junto a otras compañías como Nabia. Pero, desde 1978, la apertura del colosal puente de Rande supuso un fuerte varapalo para el transporte de ría.

Ahora, los vapores de Vigo tienen cada año más de millón y medio de usuarios. Siguen estando operativos. Y son un auténtico patrimonio cultural. Algo valiosísimo también desde una perspectiva turística. Que, como siempre, en esta ciudad nunca sabemos ver. 

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