A mí me tocó una vez una quiniela de 15. El problema es que, aquel domingo, también la acertaron otros 8.112 afortunados. Fue en el año 2001 y aquella jornada todavía se mantiene como la de más acertantes de la historia. Por razones obvias, poco me consuela haber entrado en el récord Guinness de los juegos de azar en España. En el banco, siguieron sin saludarme por el nombre. Y, cuando fui a cobrar el premio, a la plaza de Compostela, me espetaron la peor frase que puedes escuchar cuando llevas un boleto ganador en el bolsillo: «¡Hombre, otro más!». Ya habíamos pasado por la ventanilla unos cuantos aquella mañana. Me dieron 50.000 pesetas, que serían unos 300 euros. Así que decidí gastarme aquel dinero en algo para recordar. Me compré un billete de avión a Barcelona y una entrada para el Nou Camp. Y me fui a ver al Celtiña a la semifinal de la Copa del Rey frente al Barça.
Recuerdo que el partido se jugó una noche de San Juan de hace ahora 15 años. Era el 23 de junio de 2001 y el Celta logró un empate a un gol que le dio el pasaporte a la final de la Copa. Aquel día memorable marcó un tipo que se llama como yo y que es de mi misma quinta, porque de hecho nació en Cruz Alta (Argentina) dos días después que este menda en O Castro, en Vigo.
Aquel gol de Eduardo Berizzo en el Nou Camp fue una de las mayores alegrías que me ha dado el Celta. El pasado miércoles el mismo tipo volvió a darme un alegrón, ahora como entrenador. Hace 15 años que dejé de jugar a la quiniela. Pero hoy no voy a perderme un sorteo: el de Copa. Porque hay días en que ser celtista es mejor que que te toque la lotería.