IN VICUS | O |
09 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Cierra la Librería Cervantes y con ella se nos va uno de los escasísimos vestigios culturales de un Vigo que hace mucho tiempo que agoniza. Un Vigo que yo recuerdo con olor a humedad y polvo, crujientes suelos de madera sin pulir e infinitas estanterías, de oscura madera maciza, rebosantes de un tesoro de letras, papel y cuero. Un Vigo en donde adultos con rostro serio y mirada severa aguardaban pacientemente a que el parsimonioso librero les mostrase los libros solicitados mientras yo, una niña de ocho o nueve años, observaba extasiada el fantástico ritual de la búsqueda de la ansiada joya literaria o del volumen de consulta preciso. Un Vigo de escaparates tan llenos de libros interesantes que uno podía permanecer observándolos, sin aburrirse, durante las largas esperas a los, entonces, más que escasos vitrasas, o al refugiarse de algún chaparrón imprevisto que nos pillaba sin paraguas y caer en la tentación de comprar. Un Vigo no tan grande, en el que el centro de la ciudad era un núcleo urbano vibrante, pero lo suficientemente poco estresado como para que resultaba muy difícil encontrarse a algún amigo o conocido con el que charlar. Cuando la parada del autobús situada a las puertas de la librería se trasladó a dónde se encuentra ahora supe que había sufrido la última estocada en una urbe que se ha transformado en un monstruo sin identidad. Era cuestión de tiempo. El cierre de la Librería Cervantes es la última llamada de atención al declive comercial que, la zona más hermosa y «noble» de Vigo, viene sufriendo desde hace mucho tiempo. Las grandes superficies comerciales, los grandes comercios y algún que otro gran supermercado han podido con el encanto y los precios de las tiendas de siempre. Más aún, aunque no podemos quejarnos de las rehabilitaciones que las grandes entidades financieras han hecho en muchos de los hermosísimos edificios de la zona, sin las cuales, quizás, Policarpo Sanz sería, hoy, un horror de hormigón y cristal, es preciso reconocer que su actuación ha revalorizado tanto el precio del metro cuadrado que ha ahuyentado al pequeño comercio, ese que también contribuye a crear empleo y, sobre todo, a crear ciudad. Hasta siempre, Librería Cervantes.